Cuando menos te lo esperas

WJS)))

www.stonesstravelguides.com/

Viajar en autocaravana es absolutamente una de las más prestigiosas actividades de ocio que simples mortales pueden disfrutar. El ver puestas de sol sobre lagos quietos, seguir sinuosas carreteras cuesta abajo por laderas de montañas son sólo dos ejemplos que traen recuerdos de por vida.

Para la mayoría de nosotros que viajamos con frecuencia hay sin embargo algunos recuerdos que se niegan a salir de nuestra mente por razones completamente diferentes. Algunos divertidos en sí mismos y otros humorísticos sólo porque los estragos del tiempo han suavizado la claridad de los recuerdos y ofrecen sobre todo una percepción de la malaventura.

Recuerdo un viaje de Canadá al suroeste de Estados Unidos. Viajamos junto con otra pareja. Y sus cinco (!) hijos. Se apiñaban en un pequeño coche con caravana a remolque. Hacía calor y su coche no tenía aire acondicionado así que viajaban con las ventanillas bajadas. Abrasador aire caliente quemaba prácticamente a los viajeros. Para agregar aún más carga al colmo de males estuvimos obligados a conducir a través de una gran ciudad. En tráfico congestionado!. Los carriles estaban llenos de locos conductores que trataban de ganar un largo de coche mediante incesantes cambios de carril. Era conducción exigente y para colmo las ventanillas de su coche se encontraban a la altura de los neumáticos de camiones que les rodeaban. El ruido que engendraban los neumáticos en armonía con sistema de ventilación en marcha y niños quejosos era más de lo que mi buen amigo podía superar.

Por la noche cuando llegamos al camping continuaba sentado al volante y asintió con la cabeza a que fuese donde él estaba. Es un alegre pícaro que siempre tiene una broma preparada para todas las situaciones. Cuando llego al coche dice él:

“¿Puedes soltar mis dedos del volante para que pueda salir de esta máquina infernal?”

När_man_minst_anar_det-

Aquí es agradable con (tener) buenos frenos.

Él es el mismo chaval que en medio del desierto se sube al techo del coche con una caña de pescar y comienza a tirar a la arena del todo seca. Un poco de lluvia acababa de pasar y dice alegremente:

“Nunca se sabe cuando se obtiene la picada de ensueño en el anzuelo!”

Cuando remolco un coche detrás de mi autocaravana uso un dispositivo que me frena el coche cuando ralentizo. Se llama “Brake Buddy” y funciona muy bien en frenados de emergencia y como ayuda de frenado en cuestas abajo empinadas.

Un día conduje casi a través de un semáforo rojo cuando este compañero de freno no ayudó. Conduje a un lado para ver cuál era la falla. Cuando me acerqué al coche sentí un fuerte calor que se extendía alrededor del coche. Los frenos estaban supercalientes y las pastillas no cogían ningún agarre en los discos, un caso evidente de frenos desgastados.

El ‘culpable en el drama’ era sal de carretera. La sal había producido un cortocircuito en un componente electrónico que iría a frenar el coche en caso de que se soltara del enganche. Un freno de emergencia simplemente.

Si se conduce a buena velocidad con una pesada autocaravana remolcando un pequeño coche turismo es del todo imposible saber si los frenos del coche están pegados*. En este caso fue el resultado frenos sobrecalentados.

Cuando todo había vuelto a temperaturas normales era el cometido del todo bueno otra vez. Y los frenos duraron dos años más.

En otra ocasión, camino abajo por una pendiente empinada, me pareció oír un chirrido del coche que tenía a remolque. El sonido hacía eco en la pared de montaña. Pero yo no me preocupé ya que el sonido no era persistente. Una vez abajo desenganché el coche en un camping. Quería conducir un poco a lo largo de menores carreteras de montaña. Cuando me puse en marcha aumentó el chirrido mezclado con un sonido latoso. Escuché el origen del sonido y me pareció oír que provenía de las ruedas delanteras. Bombeé arriba la parte delantera con el gato y solté las ruedas. Las pastillas de freno se habían roto en pequeños pedazos y aparentaban más como un rompecabezas donde muchas piezas faltaban. De ahí el sonido.

Así que ahí estaba yo, en medio de las montañas y sin frenos delanteros. El gerente de camping se acercó para ver si necesitaba ayuda. Me ofreció transporte a la ciudad más cercana. Pastillas fueron compradas y una vez de vuelta en el coche pude rápidamente montarlas en su lugar. Una rápida prueba de conducción mostró que había resuelto el problema y el premio fue una impresionante vuelta por las montañas.

När_man_minst_anar_det--

En carreteras similares se deberá estar atento de que la gravilla puede quedar atrancada en lugares no deseados.

Hace un par de años trabajé con un guía de viajes sobre las atracciones turísticas de Canadá. Uno de los tours fue a lo largo de una larga y estrecha carretera revestida de gravilla de setenta millas de largo. No una mala carretera pero gravilla suelta martilleaba aquí y allá sobre el coche que tenía a remolque. Cuando entré en Whitehorse, una ciudad rústica en el norte de Canadá, escuché un chirritante sonido en el tren delantero. Aparqué y examiné toda el tren delantero del coche con mucho cuidado, pero no encontré nada. Así que reservé hora con el distribuidor local de Chrysler para solucionar la falla.

Fui minucioso en decirles que no eran los frenos. “No perdáis el tiempo con los frenos, yo ya lo he hecho”, fueron mis palabras exactas.

Me fui por un rato mientras ellos buscaban fallas en el coche. Cuando regresé, dijo el muy joven mecánico:

“Tengo malas/’aburridas’ noticias. El diferencial delantero está dañado. No podemos conseguir piezas hasta dentro de unas tres semanas.”

El coche estaba en el elevador y el motor estaba encendido con la marcha puesta. Y ciertamente, yo podía oír que el sonido provenía de la zona del diferencial. Con pasos pesados fui al jefe de taller para averiguar bien si podía dejar que ellos solucionaran el problema o si yo remolcaría el coche a casa en el estado en que se encontraba y poner manos a la obra/encargarme del problema en casa. Mientras reflexionaba fue el jefe de taller hacia el coche. Regresó después de cinco minutos: “Así pues, ahora el coche está listo y tú te puedes ir.”

Él sostenía una pequeña piedra con un profundo surco en ella. Había estado atascada en una parte expuesta del eje delantero, bien oculta. El contacto de la piedra con el eje delantero había originado el desagradable sonido.

Pero no todo es ‘paz y alegría’ (‘frid och fröjd’). Ellos ‘tomaron fuerte tasa’ (cobraron mucho) por la búsqueda de la falla de los frenos. No me habían escuchado cuando entregué el coche. Fue una piedra pequeña muy cara. Pero me alegré de salir de allí tan rápidamente y evitar pasar tres semanas.

Todo esto son cosas que pasan, por lo general cuando menos te lo esperas. Es por eso importante llevar consigo herramientas y conocimientos para que se pueda reparar al menos errores de menor importancia a lo largo de la carretera. Se deberá tener una previsión/estar praparado para que cosas tristes ocurran con los coches.

Esperanzadoramente superan los momentos placenteros de tus vacaciones y eclipsan los tristes acontecimientos que entonces pueden caer en el olvido. Como suele hacerlo con nosotros. 

¡Buen viaje!

Fuente: HUSBILEN_TEST [VÅR MAN I VÄST – “När man minst anar det”]

  • HUS = CASA
  • BIL = COCHE
  • BILEN = EL COCHE
  • HUSBIL = AUTOCARAVANA
  • NUMMER = NÚMERO

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*