La libertad estaba más allá de las cosas materiales

Camilla-Lebert-HirviPero no piensas en tu hija? Vas sólo a sacar/‘arrancar’ a tu hija de la seguridad (social) en tu país de origen?” Preguntaron muchos con miedo en su voz cuando Camilla Lebert Hirvi y su marido Stefan hace 13 años decidieron mudarse a Tailandia. El traslado fue precedido por una sucesiva y gradual rutina de construcción de estatus quo. Cuando el primer bebé llegó comenzó la familia de clase media duramente trabajadora al igual que muchas otras a adquirir piso y casa de verano/sommarstuga, coche y barco y procesador de alimentos para crearse la ilusión de seguridad que define una buena vida familiar.

Camilla ganó competiciones de ventas, viajó por los países escandinavos dedicándose a la formación de líderes, mientras que el marido trabajaba en el gremio de viajes y se encargaba del hogar y ‘búsquedas’ de la guardería. Ambos trabajaban duro para mantener la fachada hasta que el marido Stefan “gick in i väggen” (‘entró en la pared’) (fue afectado por el síndrome de fatiga o estrés psicosocial). “Él estaba sentado en la mesa de la cocina y miraba fuera de la ventana cuando me fui a un viaje de estudios. Cuando volví a casa después tres días permanecía aún inmóvil donde lo dejé”, recuerda Camilla (peelitoff.net/) mientras tomamos un café durante una de sus visitas a Suecia en Estocolmo.

Fue entonces cuando se les ocurrió la idea de vender todo lo que tenían. Casa de campo en Ingarö, coche, barco y regalos de boda, libros y ropa en una venta total de liquidación (’mercadillo’) y sitios web de ventas. Cuando los restos de una vida cupieron en una mochila y el juguete de peluche de la hija y fotos de familia fueron depositados en un guardamuebles, se mudaron a un bungalow de 15 metros cuadrados sin aire acondicionado en la isla de Koh Lanta.

Dejaron todo atrás sólo porque se preocupaban de su hija y valoraban sus vidas. Para de una vez por todas liberarse de la mala conciencia crónica que perseguía a Camilla (se pronuncia Camila) como una sombra persistente. Para curar la sensación de insuficiencia que muchos de nosotros llevamos cuando en la presión y el estrés no somos padres presentes, pareja o amigos.

“Yo ya no sabía quién era la verdadera Camilla detrás de la identidad laboral”, constata la mujer con los ojos cálidos marrones. Cuando la hija Thelma iba a comenzar a la escuela, abrieron una escuela propia sueca en la isla tailandesa. Una escuela que hoy ha crecido y enseña a un montón de niños suecos cuyas familias han optado por romper temporalmente por un estilo de vida alternativo.

El segundo hijo de la familia, el hijo Oliver, nació en Creta. El anhelo de amigos y un contexto europeo los llevó a Grecia, donde comenzaron a pasar los ‘medios años de verano’. Y así la familia ha andado a vueltas durante 13 años entre países y continentes. Así la familia ha encontrado un hogar que no está limitado por fronteras nacionales o idiomas.

Una vida que no es regulada por relojes y amortizaciones. Una libertad que no es consumida por bienes que deben ser controlados, cuidados o ser valorados. “Soy un persona humana libre”, dice la nómada digital que se gana la vida en línea mediante la organización de ‘webinarios’ para personas que quieren vivir como ella. En libertad sin cuerdas de horca a lugares físicos o cosas. Porque el mundo es más grande que Suecia y la vida es algo más que nuestras posesiones. [metro.se/kolumner/friheten-fanns-bortom-prylarna/EVHmec!pg7rguTVmdCcY/]

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