Los chicos ante el desalojo de sus mejores amigos

flickan och hennes hundDesprenderse de un animal de compañía es para un niño, un hecho generalmente dramático. Es preferible demorar la posibilidad de tenerlo, antes que enfrentarlo a una separación cuando ese ser ya ha sido integrado al área de sus afectos.

Entre los niños y los animales surgen naturales lazos de comprensión, complicidad y afecto que los adultos suelen no tomar en cuenta. Albert Schweitzer había fijado en su memoria desentendimientos con sus mayores en su propia infancia. “Era incomprensible para mí –decía- que en mis oraciones debiera mencionar sólo a los seres humanos, por lo tanto, cuando mi madre había orado conmigo y me daba su beso de buenas noches, yo agregaba silenciosamente una plegaria que yo mismo había compuesto por los animales”.

Quién puede desconocer lo negativo que resulta el doble discurso en la formación de un niño. No es para ellos fácil comprender cómo aquel cachorro que papá trajo en Navidad como un ser vivo especial para la familia de pronto debe ser desalojado. […]

Desalojar a un animal de compañía, aun tomando todos los recaudos para entregarlo a otro hogar o a un refugio prestigioso y ordenado, no será nunca un buen ejemplo para los menores de la familia. Siempre está el peligro de que ellos puedan homologar unas situaciones y sus resultados, con otras que tuvieran que resolver en el futuro.

Siempre pienso que los niños y jovencitos funcionan como las computadoras: entregarán resultados en relación a los datos con los que hayan sido alimentados.
Martha Gutiérrez es periodista y Presidenta de
ADDA [MARTHA GUTIÉRREZ / Los chicos ante el desalojo de sus mejores amigos – Clarín]

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