¿Crees que los puteros tienen cuernos?

prostitución_atenasLa semana pasada, un día normal a las once de la mañana, fui junto con la rumana Viorika por uno de los callejones llenos de burdeles en el lado oscuro de Atenas. Fuera de las casas en ruinas cuelgan pequeñas bombillas que señalan comercio sexual.

Un hombre transeúnte chilla: “Meteros adentro a los burdeles, hay mucho trabajo hoy.” Ya que he prometido mantener la boca cerrada en nuestro ‘tour’ mantengo mi palabra. Vemos al hombre, un hombre de mediana edad “normal” en chaqueta delgada y pantalón gris, entrar en un burdel con una puerta de color rosa. Un hombre que quizá tenga una esposa en casa que no puede permitirse el lujo de divorciarse, tal vez tenga una hija sin futuro, quizás tenga una madre que no se aclara con la baja pensión de mujer.

Nos adentramos en el siguiente tugurio pintado de rosa. Media escalera abajo en la oscurecida habitación con una lámpara de discoteca somos recibidos por una chavala desnuda que lleva bragas de encaje negro. Su corto pelo enmarca un rostro sin maquillaje. Ella viene de Rumania y vive con su novio, susurra. Cuando yo en mi rumano oxidado pregunto cuántos años tiene, ella responde con un ojo errante: 19.

Pronto aparece su ‘madame’. Es un vieja rusa rubia con gafas y un jersey tejido a mano. Ella se encarga de la caja. Madame le da a la chavala un vaso de agua y luego viene un joven con casco de motocicleta. Se lo quita y me sorprendo de nuevo. Un hombre, de unos treinta, entero y limpio y bastante guapo. Examina a la chavala desnuda y le tiende un billete arrugado. Por 10 euros le pide un polvo “duro”.

Viorika que es voluntaria tiene consigo café y pasteles, tarjeta de visita ofrece un examen médico gratuito y un libro sobre la trata de personas/trafficking. Tres veces a la semana visita Viorika burdeles o travestís que caminan por la calle y nigerianas indocumentadas que venden sexo por menos del equivalente a 30 coronas suecas.

Ella cuenta de chavalas que son engañadas con promesas de puestos de trabajo y luego violadas, privadas de sus papeles/documentación, encerradas sin comida ni agua hasta que han capitulado. Luego curran en turnos de 16 horas para pagar la deuda. Una esclavitud que no es única para mi patria* afectada por la crisis. Un comercio delictivo donde mujeres y chavalas son compradas y vendidas como si fueran ganado. Un comercio de seres humanos que pasa todas las fronteras sin pasaporte.

Me resulta difícil digerir lo que veo en la luz del sol. Todos estos hombres normales. Desde artesanos sudorosos a banqueros que huelen a loción de después del afeitado. “¿Creías que puteros y proxenetas tienen cuernos?” pregunta Viorika y pienso en el entusiasta en igualdad de genero policía Göran Lindberg** también conocido como Capitán Vestido/Kapten Klänning que en su tiempo libre se dedicaba a violar chavalas.

Y pienso en la valiente Minh Dang a quien conocí en la conferencia del International Herald Tribune en Londres, quien me contó que ella ya con tres años de edad fue vendida como esclava sexual. Por sus propios padres. Una familia de clase media en San Francisco.

Y pienso en la mujer que recibió un disparo en la cara la semana pasada por su ex pareja a pesar de que informó a la policía y pidió en vano la prohibición de contacto.

Y pienso en que 10 millones de chavalas al año son sometidas a matrimonios forzados.

Y pienso en la mortalidad materna y la mutilación genital y los crímenes de honor y la discriminación de género y el odio a las mujeres.

Y pienso en todos aquellos que todavía niegan la humillación y la opresión como un deporte mundial que es practicado por los hombres. Hombres del todo normales. Sin cuernos. [Tror du att torskar har horn? – Metro]

* La autora del artículo Alexandra Pascalidou es columnista del periódico Metro.

** Abogado sueco y ex jefe de policía, arrestado el 25 de enero del 2010 y posteriormente condenado a 6 años de prisión por delitos sexuales. Lindberg fue una fuerza impulsora en resaltar los problemas relacionados con la discriminación sexual, el acoso sexual y la violencia contra las mujeres, especialmente entre los oficiales de policía. Era apodado con el nombre de ‘Capitán Vestido’, algo que le agradaba…

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