‘El hombre nieve’: en el coche estaba en paz

Se convirtió en “el hombre (de la) nieve” con todo el mundo.

Ahora cuenta Peter, 45, por primera vez sobre el tiempo en el bosque, la vida después del rescate – y por qué echa de menos volver al coche.

– Decidí ‘mandar a la mierda’ a todo, dice.

No quería ser rescatado 

Peter, 45, llegó a ser conocido como El Hombre Nieve (“Snömannen”) en Suecia y en muchas partes del mundo hace casi exactamente un año atrás. Vivió durante 60 días fuera en la nada, prisionero en la nieve, solo en su coche. La comida y la gasolina se acabaron, luego murió el móvil. Cuando fue encontrado famélico el 17 de febrero 2012 no entendía que estuviese vivo. “Pensé que no podía encajar”, dice.

El fotógrafo del periódico Aftonbladet Niklas Hammarström y el reportero Steffan Lindberg se reunieron con ‘el hombre (de la) nieve’ (“Snämannen”).  

El hombre de 45 años de edad que está sentado en frente ha sido conocido en todo el mundo como “The Snowman”. Él hubiese elegido preferiblemente un nombre diferente.

“El hombre oso”, tal vez.

– Yo quería hacer como el oso e hibernar durante el invierno.

Aunque preferiblemente quiere que usemos su nombre real: Peter.

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Nos reunimos en una pizzería en una ciudad industrial del centro de Suecia. Él se siente tranquilo y amistoso, viste una sudadera negra con capucha y pantalones de chándal. Su mirada es complicada, los ojos van adelante y atrás.

El domingo pasado hacía un año que dos motos de nieve lo encontraron nevado y congelado, después de sesenta días en el coche. La historia se convirtió inmediatamente en una primicia mundial. El canal de televisión estadonidense Discovery Channel ha grabado un documental y la británica BBC está en camino de hacer otró reportaje.

Pero nadie ha hablado con Peter.

– Yo habría sido capaz de ganar dinero vendiendo mi historia, pero mi vida no es pública, dice. 

La vida no es como él se la había imaginado

Cuando Aftonbladet ahora se encuentra con Peter para la primera entrevista, sólo pone un requisito: poder leer el texto con antelación. Él ha visto cuános errores han circulado sobre él en internet y quiere que vaya a ser correcto una vez por todas.

– No quiero figurar en ningún artículo más. Después de esto quiero que los medios de comunicación me dejen en paz.

Peter recibe su ensalada de pollo y Coca-Cola y empieza a contar. Todo comenzó el pasado otoño. Había abandonado su casa en el centro de Suecia después de problemas con curro y dinero. Pero la vida en Umeå no fue el nuevo comienzo que él se había imaginado. No encontró ni curro ni vivienda. Dormía en una tienda de campaña, en el coche o donde algún conocido.

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Quería estar solo (en paz) 

El dinero se acabó y la Navidad se acercaba.

– Se me ocurrió celebrarla en el bosque. Quería calma. Poder estar en paz, dice.

El 18 de diciembre de 2011, recogió algo de ropa y se fue para buscar aprovisionamientos/reabastecerse. Algunas barras de panes en rodajas y jamón. Pollo a la plancha, yogur. Alcohol, café, cigarrillos.

Luego condujo fuera y aparcó su jeep negro al borde del bosque a unos pocos kilómetros a las afueras de Sävar al norte de Umeå, en un lugar que conocía desde el verano.

La cocina de gas camping (‘cocina de tormenta’) le dio agua para el café y la oportunidad de lavarse. El asiento trasero fue plegado abajo para que pudiera extender el colchón.

– Era cómodo. Tenía todo lo que necesitaba. Podía evitar personas que estuviesen ahí dando la paliza.

Disfrutaba y me sentía bien

Dejó la radio del coche encendida con música de Navidad. Tomó un sandwich de jamón. Fue a la gasolinera alguna vez para hacer algunas compras. Dio algunos paseos en la nieve, vio huellas de animales.

– El único sonido era el viento que soplaba en los árboles. Sólo la tranquilidad y el silencio, además de los sonidos del bosque.

¿Cómo pensabas entonces?

– Disfrutaba y me sentía bien. Tenía un jeep y sabía que en cualquier momento podía largarme de allí. Pero no era nada que yo quería.

La Navidad pasó con sus oscuros, tranquilos días. El 28  de diciembre hizo pruebas con el coche y recorrió algunos metros. Fue al límite, la nieve brotaba. Al mismo tiempo seguía la nieve cayendo y Peter comprendió: dentro de unas horas él ya no sería capaz de salir de aquí. Él hizo un repaso de los suministros.  

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“Decidí al diablo con todo/que le den por saco a todo”

La comida justo se había acabado. Pero el alcohol, el café y los cigarrillos eran suficientes para unos pocos días más.

– Me sentía bien en el coche, era como una cabaña propia en el bosque. En realidad tenía la intención de regresar después de Navidad. Pero decidí simplemente mandar todo a tomar por culo/a la mierda y celebrar el año nuevo también, dice él.

Mezcló las últimas bebidas con bebidas energéticas y vodka y celebró el nuevo año.

El 8 de enero se acabaron los cigarrillos. Después de eso, todo empezó a flotar.

– La sensación de hambre pasa. El problema es el café y las ganas de fumar, dice.

A la gasolinera había tres kilómetros. En algún momento a mediados de enero, había perdido la cuenta de los días, salió para intentar ‘ir de compras’.

La última ‘línea de vida’ se rompió 

Pero la nieve era de un metro de profundidad. En los primeros diez metros se cayó tres veces.

– Entendió que no sería posible.

El coche se había quedado sin gasolina. Ya no podía arrancar el motor para obtener calor y la radio quedó en silencio. También la batería en el teléfono celular, que él ahorró hasta el final, murió.

La línea de vida se rompió, estaba abandonado.

¿Por qué no llamó para obtener ayuda a tiempo?

A eso no quiere Peter responder. Sus pensamientos más íntimos aquellos días se los guarda para sí mismo.

– Me sentía tan bien allí fuera. Yo no quería ser rescatado, dice.

La temperatura descendió hasta treinta grados bajo cero, Peter sacó el saco de dormir sobre su cabeza y se acurrucó. La nieve se espesaba sobre las ventanas del coche. Ayudaba con el aislamiento y cerraba fuera la luz del día.

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El cuerpo se entumeció

Cada movimiento era un esfuerzo enorme. Tenía todavía T-Röd (alcohol desnaturalizado 95 grados) para la cocina de gas camping y apenas tenía fuerzas para abrir la puerta y coger un poco de nieve que derretía y bebía en pequeños sorbos para tranquilizar la sed.

El cuerpo se entumeció, el sentido del tacto desapareció. Los días y las noches fluían juntos, no podía distinguirlos. Pero la cabeza se mantenía clara. Contó sus latidos de corazón, cuarenta por minuto.

Peter ya no luchaba más contra la muerte. No vendría como una enemiga. Pero todavía soñaba con café y se imaginaba cómo los cigarrillos caían desde el cielo.

Él recuerda el sonido de una moto de nieve. Alguien que se paró, pulsó hacia delante, tiró de la puerta del coche. Estaba cerrada con llave y no pasó nada.

“¿Tenéis café?”

Días, o quizás semanas, más tarde, la puerta se había dejado abierta. Fue despertado por motos de nieve que se acercaron y se detuvieron. La puerta del coche se abrió y una voz de hombre preguntó si alguien estaba allí.

– Síí, dijo Peter.

La puerta se cerró de nuevo, pero después de unas horas llegó el sonido de las motos de nieve de nuevo. Él estaba muy claro en el coco. El diálogo nunca lo olvida.   

– Es la policía.

– ¿Tenéis cigarrillos?

– No.

– ¿Tenéis café?

– No.

– Entonces cerrar la puerta. Hace frío.

Lleno de fotógrafos

Peter no quería ser rescatado, pero se dio cuenta que no podía resistir. Cuando se enteró que era el 17 de febrero de 2012 vino el choque.

– Pensé que no podía cuajar/ser cierto. Tanto tiempo no podría haber sobrevivido. Yo no entendía por qué yo no estaba muerto.

Un vehículo blindado de combate (bandvagn) lo trasladó a la ambulancia, que lo llevaría al hospital universitario de Umeå (Norrlands universitetssjukhus). Peter recuerda las primeras palabras de la enfermera de ambulancia en camino al hospital:

– Aquí viene un hombre sediento de café.

Fuera corrían los fotógrafos ya desde la primera noche. Entonces se dio cuenta de lo grande que era, que el mundo entero estaba fascinado acerca de que él hubiese sobrevivido. Él recuerda cómo un fotógrafo paparazzi británico se coló furtivamente por los pasillos del hospital. Abrió puerta tras puerta, pero no pudo encontrarlo.

– El hospital me advirtió. Ellos hicieron un gran trabajo al mantener a los periodistas fuera, dice.

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Ha recibido ayuda de un consejero social 

Sesenta días habían pasado en el coche, sin que nadie denunciara su desaparición. El último año la familia de Peter no ha podido contactar con él. La madre dijo al Aftonbladet el lunes que piensa en su hijo todos los días, sin siquiera saber dónde vive.

– Ellos tienen su vida y yo la mía. No tengo planes de tomar contacto, dice él.

Después de un par de semanas Peter fue trasladado a un hospital en su condado natal. Ha recibido rehabilitación física y ha posido hablar con un ‘kurator’ (consejero social), quien le ha dado buena ayuda. En junio dejó el hospital y en octubre obtuvo su propio piso.

Transeúntes ocasionales se dan la vuelta cuando empezamos a sacar fotos. El pueblo industrial es pequeño y los rumores se extienden rápidamente.

Casi todos saben quién soy. Pero ellos no plantean preguntas. Yo tengo mi propia vida. Me dejarán en paz, dice Peter.

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“Hecho de menos volver” 

Durante el tiempo en el coche bajó de peso de 70 a 45 kilos. Ahora pesa Peter poco más de 60 kilos. Aparenta saludable, pero dice que tiene dolencias y deficiencias físicas.

– Cuales no voy a decir. Pero voy a arrastrarme con ellas durante el resto de mi vida.

¿Cómo ves el tiempo atrás en el coche?

– Realmente no puedo recomendar este método de adelgazar. Pero me siento relativamente bien hoy y tengo lo que necesito.

Peter trabaja un par de horas horas tres veces a la semana en el municipio. Busca puestos de trabajo ‘reales’, espera algo donde pueda estar fuera en el bosque. Ganar dinero suficiente para comprar una cabaña (stuga/fritidshus).

Peter ve la pequeña casa frente a él. Contará con una chimenea y se encontrará aislada – lejos de las carreteras principales.

– Allí podría yo estar por mi cuenta, como en el coche.

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El jeep negro permanece en el bosque a las afueras de Sävar, vandalizado, y ahora otra vez cubierto de nieve. Cuando se saca la conversación aparenta Peter contento.

– No me arrepiento de que saliera (que me fuera al bosque). Por el contrario, hecho de menos volver. Fue un tiempo precioso.

DATOS

La historia del “Snömannen”, se convirtió en noticia mundial

17 de febrero 2012

Dos motos de nieve encuentran a un hombre en un coche cubierto de nieve en el bosque a las afueras de Sävar en Västerbotten. El hombre es llevado al hospital Norrlands universitetssjukhus de Umeå.

18 de febrero

La noticia del ‘hombre nieve’ (“Snömannen”) se extiende rápidamente a los medios de comunicación suecos y extranjeros. Periodistas se reúnen fuera del hospital con la esperanza de obtener fotos y entrevistar al hombre.

19 de febrero

El hombre es trasladado de cuidados intensivos a una sección normal. Un par de semanas más tarde es trasladado a un hospital en su condado de origen en el centro de Suecia.

Noviembre

“Snowmanen” puede salir del hospital y se muda a un piso propio en un pequeño pueblo.

[Snömannen: I bilen fick jag vara i fred | Nyheter | Aftonbladet]

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