A punto de perder la vida al luchar contra las cucarachas

cucarachasUn hombre de Ciudad Real provoca una explosión en su casa al intentar matar los insectos que había en su vivienda

Se dice que las cucarachas son tan resistentes que podrían sobrevivir a un desastre nuclear. Una tesis conocida por muchos aunque no por un vecino de Argamasilla de Calatrava (Ciudad Real) de 38 años de edad que ha estado a punto de perder la vida en su lucha contra esta especie.

El infortunado -sufre la fractura de un brazo y heridas en la cara- no soportaba la presencia de estos bichitos en el cuarto de baño de su casa, situada en el número 18 de la calle Arce de este pueblo de 6.000 habitantes, y decidió vaciar un bote de insecticida en los apenas tres metros cuadrados del aseo. Inmediatamente después cerró la puerta del baño con la esperanza de que las cucarachas perecieran asfixiadas. Sin embargo, cuando volvió a abrir la puerta y encendió la luz una pequeña chispa provocó la explosión del gas acumulado.

«La explosión tuvo que ser muy fuerte porque el baño está destrozado, la puerta está arrancada y se ha caído toda la escayola del techo.

Además, el cuarto de baño del vecino también ha sufrido los efectos de la explosión porque todos los azulejos se han venido abajo», relató este miércoles Eusebio Babiano, jefe de los bomberos de Puertollano (Ciudad Real) que intervinieron en el suceso. «Cuando llegamos nos pusimos a buscar alguna bombona de camping-gas que hubiera podido provocar la explosión pero nos quedamos muy sorprendidos al ver que todo lo había originado un bote de insecticida que estaba vacío», añadió el jefe de este parque de bomberos que recomienda usar los insecticidas «en cantidades adecuadas al tamaño de la habitación donde lo echemos».

El dueño de la casa deberá pensar en otros métodos para acabar con las cucarachas de su cuarto de baño pues la primera batalla la han ganado estos insectos. [J. V. MUÑOZ-LACUNA / lavozdegalicia.es/noticia/espana/2013/02/28/punto-perder-vida-luchar-contra-cucarachas/00031362010973373779333.htm]

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Me recuerda esto a mi estancia de tres meses hace más de una década en Guaraparí, ES, Brasil. Alquilaba una habitación de los dueños de la padaría y minisupermercado Guaraquiçaba en el barrio de Muquiçaba. Era una familia muy agradable y amable, el dueño de la panadería: Antonio Nogaval.

La habitación que alquilaba fue, a finales de mi estancia en esa ciudad veraniega, ‘invadida’ por miles y miles de mini-hormigas que bajaban de la terraza del edificio abajo al local de la panadería. Marcaban como una autopista en las paredes del cuarto de baño y también de la otra habitación. Caminaban en vertical para arriba y para abajo marcando una línea negra de ‘ma o meno’ un centímetro de ancho que me tenía ‘aterrorizado’. Hacía además un calor enorme.

Fui a una farmacia y compré alcohol de 96 grados y con un frasco de spray intenté ahogarlas en su carrera. Pero no funcionó. Una hora más tarde volvió igual de ‘tráfico numeroso’ a la ‘autopista’. Y encontraron agujeros por el suelo en los que desaparecían y volvían. Para volverse loco. O sea que me ví obligado a intensificar el ‘ataque’. Compré frascos de lejía, insecticidas y más alcohol (litros), lo esparcí por todo el suelo, tapé los agujeros con masilla de hormigón y como no paraban de pasar por las paredes y suelo de la habitación en su desesperado camino a la panadería que estaba en la planta baja, pues prendí fuego a todo.

Resultó en que se formaron un montón de gases que casi me asfixio. A toda hostia abrí la puerta de la habitación y ventana para ventilar el cuarto y… ni con esas. Al día siguiente allí estaban otra vez. Al final no tuve más remedio que largarme de Guaraparí.

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