A lo largo de las rojas carreteras de Paraguay

COLORIDO PARAGUAY

Envuelto en extensiones  kilométricas de vegetación en el corazón de América del Sur, se encuentra el pequeño país agrícola Paraguay. Aquí se convierte el lema involuntariamente en tomar cada día como viene y un posible deseo de encontrar una ruta inexplorada se hace realidad incluso antes de que lo intentes.

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La cena acaba de ser servida. En el vaso tenemos un batido verde elaborado con perejil, en los platos ensaladilla y pollo frito. El tomar la comida sin que ello al mismo implique tragar algo de los cientos de diferentes insectos y escarabajos que vuelan como aviones jet alrededor de la iluminación nocturna es una lucha. Se queman en las lámparas fluorescentes y aterrizan estrellándose contra nosotros todo el tiempo. Justo cuando nos damos por vencidos y trasladamos la comida fuera de la terraza y adentro a la cabaña comienzan las lámparas a iluminar intermitentemente. Luego se interrumpe la corriente. Máximo un minuto más tarde estalla una tormenta de horror real – las persianas de madera de la ventana golpean furiosamente adelante y atrás y el trueno corre rugiendo como un monstruo herido sobre el cielo.

Después de varias horas por carreteras de arena llenas de baches en viejos autobuses destartalados, por fin nos encontramos en la Reserva del Mbaracayú. Estaba oscuro ya cuando llegamos. Ahora está completamente negro. Nos lamemos el postre, que no vemos, pero que sabe un poco como caramelo, como leche condensada diluída con crema. Nos metemos a la cama y esperamos un día mejor mañana.

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En el año 2000, la Reserva Natural del Bosque de Mbaracayú (RNBM) y la cuenca alta del Río Jejuí obtuvieron la designación internacional de “Reserva de la Biosfera” en la 16º Sesión del Consejo Internacional de la Unesco, siendo la primera en esta categoría en Paraguay. Dentro de los límites de la reserva florece la Mata Atlántica (Bosque Atlántico del Alto Paraná) y allí hay además de pumas, jaguares, y el animal parecido a zorro Aguara (Chrysocyon brachyurus) ahora también una escuela secundaria (Centro Educativo Mbaracayu) (‘bachillerato técnico en ciencias ambientales para mujeres adolescentes campesinas e indígenas, ubicado dentro de la reserva, que busca formar líderes del desarrollo sostenible’) y turismo y un alojamiento.

– Siempre me ha gustado la naturaleza, por eso quería venir aquí y estudiar esta formación, dice Nancy Florentin, 19, una de las estudiantes de la escuela y también nuestra guía a través de la densa vegetación que ‘abraza’ al hotel.

La tormenta siguió soplando hacia otro lugar durante la noche y ahora irradia un sol cálido a través del húmedo aire. Sobre el sendero donde caminamos árboles y ramas han sido derribados, y a veces tenemos que tomar desvíos. Nancy nos habla sobre el árbol con gusanos que la comunidad aché corta y come, las amargas naranjas silvestres que son buenas contra la gripe y resfriados, sobre los animales y el fútbol. Si Nancy no se convierte en ingeniero ambiental, se convertirá en jugadora profesional de fútbol.

– En Paraguay o en Brasil, es que da igual, pero en algún gran club, dice con una voz igualmente segura como natural.

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Varias de las chavalas en la escuela juegan a fútbol, y el año pasado acabaron cuartas en el HWC, Copa Mundial de Fútbol Callejero, en París, Francia.

– Si no fuese por que varias de nosotras estábamos lesionadas habríamos ganado, dice Nancy.

Durante la noche ha vuelto la luz y Nancy y las otras futbolistas se reúnen alrededor de la radio en la sala para escuchar el partido de clasificación de la Copa del Mundo entre Paraguay y Perú. Es el momento de demostrarlo.

A tiro de piedra de distancia se encuentra el pequeño pueblo de Arroyo Bandera. Es uno de los varios pequeños pueblos de la zona que pertenecen a la comunidad Aché. En Arroyo Bandera viven 36 familias, también hay una escuela hasta el noveno grado y la caseta de médico. Los habitantes del pueblo son básicamente autosuficientes, viven de la caza y la agricultura y más recientemente han empezado a hacer algunas artesanías en madera para vender a los turistas y así ganar un poco de dinero extra. Tamabién aquí se juega al fútbol.

– Cada año tenemos un campeonato entre los pueblos aché, cuenta Germino Chacugue, uno de los hombres en la aldea.

Paraguay Women Team Paris 2011 Homeless World Cup

No es sólo en fútbol que las aldeas se desafían unos a otros, sino también en tiro con arco. Los achés cazan todavía con arco en la selva, y tanto chicas como chicos son entrenados desde la infancia a disparar. Parece muy fácil, pero el arco es torpe y pesado y la cuerda que se debe tensar es dura y muy difícil de conseguir rigidez para uno no experimentado. Después de 20 intentos fallidos, los niños de la aldea nos muestran a nosotras extrañas cómo funciona todo. Con la lengua en la comisura de los labios tensan orgullosamente el arco y disparan. ¡Fácil como una tortita!

Cuando abandonamos el pueblo me pregunto cómo se dice gracias por la visita en aché.

No hay ninguna palabra para gracias en aché, porque dentro de nuestra cultura es todo de todo el mundo, compartimos todo por igual. No hay, pues, nada que agradecer, explica Germino, que él mismo habla tanto aché como guaraní y español. Puedes decir que estás contenta* por la visita, se dice chu uru gatu.

Fuera de los límites de la reserva toma el denso bosque un final abrupto y enormes plantaciones de soja y pastos para el ganado vacuno se extendien. La tierra que en un 85 por ciento es propiedad de un 2 por ciento de habitantes del país privilegiados. Una distribución sesgada que representa un tremendo poder de los terratenientes y es también uno de los factores detrás de que el presidente paraguayo Fernando Lugo fuese destituído bajo formas similares a golpe de estado en junio del año pasado. Lugo estaba del lado de los pequeños agricultores y campesinos sin tierra en varias cuestiones de política importantes.

La producción de soja y carne de vacuno ha aumentado de manera constante en Paraguay en los últimos años. Durante nuestros largos viajes en autobús a lo largo de vibrantes carreteras de arena roja en zonas rurales vemos no sólo arcos iris de ropas secando (?) entre los árboles, familias que se reúnen en torno a un tereré, un té frío a base de hierbas que todos beben en todas partes, vemlos también vestigios de avance de la agricultura industrial. Periódicamente nos llega directamente a la nariz el olor de la expansión.

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– Hace sólo unas pocas semanas atrás que el propietario de las tierras decidió incendiar el bosque aquí al lado y convertirlo en pasto, dice Helen Pheasey, bióloga británica en la pequeña estación de investigación centro ecológico Para la Tierra , en otra reserva natural llamada Laguna Blanca.

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En la estación biológica trabajan Helen y un grupo de voluntarios/as explorando la flora y la fauna de la zona. Mediante mostrar la gran diversidad de especies esperan ellas/ellos y los propietarios de la reserva mantener la reserva como zona protegida, lo que evita la intrusión en el medio ambiente y la caza de animales que viven allí.

En Laguna Blanca hay también un lago del mismo nombre. Es uno de los pocos ‘agujeros’ de riego naturales/oásis y también allí es la diversidad de especies grande.

– Acostumbramos salir y “ranear” con bolsa de red por las noches. O sea, coger/pescar ranas. Hasta el momento hemos descubierto 27 tipos diferentes, dice Helen.

Junto al pequeño lago hay una acogedora playa de arena blanca y suave y un camping, algo que hace de Laguna Blanca un lugar de excursión muy popular para los habitantes de las grandes ciudades de Paraguay.

Valeria Franco Noguera está aquí para celebrar su cumpleaños con su familia y amigos. Se han preparado con unos cuantos cajones frigoríficos llenos de cerveza, licores y refrescos.

– ¿Y vosotras venís de Suecia? ¿Cómo diablos fuísteis a parar aquí?! Ella se pregunta, difunde la noticia al resto de la pandilla. Chicos, vienen de Suecia! Hahaha!

Que pleneemos pasar la noche en Laguna Blanca es para Valeria casi más increíble que nuestro origen de larga distancia. Hasta el final intenta que la acompañemos a seguir a casa de sus amigos en la ciudad de Lima a una fiesta en su lugar.

– No podéis quedaros aquí! Aquí no pasa nada! Intenta ella.

Ella tiene ciertamente razón No pasa mucho en Laguna Blanca. La estancia trata lo más de escarabajos que zumban alrededor de las luces por la noche, el cantar de las ranas en las cañas al anochecer y los caballos semi-salvajes que casi galopan por encima de los bañistas en la playa.

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* La autora del artículo que estoy traduciendo se llama Lisa Karlsson.

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