Larga vida no es nada obvio

“Vaya, esto son cosas fuertes”, dice la señora de la caja. “Entonces has tomado mucho antes, no?”, pregunta ella, un poco desafiante. Bueno, he tomado mucho antes – formas más simples de antibióticos, que no hicieron efecto a las sórdidas bacterias que han transformado mi garganta a algo que casi se siente como una trinchera en Flandes en 1917. Así que ahora es hora de una ‘vuelta’ más fuerte, que debería poder aniquilar casi todo.

ljunghonung

Sin antibióticos yo no estaría vivo hoy y probablemente tampoco tú. Antes conducían las enfermedades infecciosas y heridas simples a la muerte. La gente moría como moscas de tuberculosis y neumonía y no se podía operar porque las infecciones de las heridas no podían ser manejadas.

El año 1900 era la esperanza de vida promedio global 30 años. Pero el mundo cambió en agosto de 1928, porque el bacteriólogo británico Alexander Fleming fue a las vacaciones más famosas cuyo destino nadie recuerda.

Fleming olvidó de hecho fregar un cultivo bacteriano en el laboratorio antes de irse. Cuando volvió una seta accidentalmente había crecido – y esta había matado las bacterias. Ese día se descubrió el principio detrás de la penicilina, y pronto siguieron otros antibióticos, que han salvado las vidas de cientos de millones de personas.

Pero antibióticos son ese tipo de solución que sólo funciona siempre y cuando no se utilicen siempre. Si un tratamiento es insuficiente sobreviven ciertas bacterias – las más resistentes. Ellas crecen y se reproducen y pronto no pueden ser manejadas por nuestros viejos medios.

Anualmente mueren 25.000 europeos de infecciones resistentes a antibióticos. Es por eso que los médicos son cautelosos a prescribir antibióticos y dan la paliza sobre que debes tomar ‘toda la cura’ aunque rapidamentete te sientas mejor.

Pero como el escritor y comentarista Waldemar Ingdahl (escribe principalmente sobre ciencia, ética y cuestiones sociales) constata no es suficiente con cautela. La prescripción en Suecia ha disminuido en un 30 por ciento en 20 años, aún así aumentan los problemas con resistencia. Así que necesitamos nuevas formas de antibióticos. Muchos advierten de que si no, pronto podremos estar allí, en el mundo antes de 1928, cuando una infección era una amenaza mortal. Pero va cada vez más lento.

Hoy tenemos normativas que hacen que se tarda casi una década y cuesta muchos millardos el obtener nuevos medicamentos aprobados. Y las compañías farmacéuticas tienen dificultades para obtener beneficios cuando un producto de éxito aún así no se debe utilizar tanto.

Pero hay iniciativas interesantes. Investigadores australianos han descubierto que cierta miel funciona contra las infecciones e investigadores en Lund están a punto de introducir miel de ‘ljung’ (brezo) (Calluna vulgaris) en el cuidado de la salud. La empresa de Lund Enzymatica utiliza enzimas de bacalao de aguas profundas contra bacterias multirresistentes. Con la nanotecnología podemos conseguir minirobots que actúan como antibióticos mecánicos.

Cuanto más libre- y locamente piensen en esta área, mejor. La esperanza está en el Alexander Fleming de nuestro tiempo. [Långa liv är ingen självklarhet – Metro]

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