Pensamientos negativos – El mejor camino a la felicidad

PESIMISMO POSITIVO

Es la búsqueda de la felicidad en sí la que nos hace infelices, dice el periodista británico Oliver Burkeman. En una especie de libro de autoayuda invertido que muestra la manera de salir de un atolladero de fangosos conceptos de felicidad y el evangelio del optimismo.

El renombrado autor, periodista, activista y antiteísta Christopher Hitchens falleció a causa de una neumonía surgida como complicación del cáncer de esófago el año pasado. En su último libro publicado póstumamente “Mortality” no hay mucho de auto-compasión, sino una actitud estoica por no decir una sobria visión de ‘humor de la horca’ de la vida. Como muchos otros que reciben un diagnóstico grave, se planteó la pregunta “¿por qué yo?!”, para en el momento siguiente darse cuenta de que la respuesta obvia es: “¿por qué no?”.

Es una actitud que está bastante lejos de la filosofía que impregna la optimista cultura de pensamiento positivo. Allí rara vez se habla de las condiciones fundamentales de la persona humana, acerca de la imprevisibilidad, de la ausencia de intenciones, “justicia” y seguridad duradera. En su lugar se prometen soluciones simples a problemas complejos y a continuación fórmulas para una existencia feliz como una especie de objetivo final y armonioso.

En la literatura de autoayuda y en conferenciantes, entrenadores de vida / life coaches y ex estrellas del deporte que afirman estar en posesión de la receta para una buena vida, parece que el escepticismo y una visión realista de nuestra existencia es percibida como inadecuada. Que Suecia durante la segunda mitad del partido de clasificación mundialista contra Alemania cambió el resultado de 0-4 a 4-4 se puede utilizar como una prueba innegable de que todo es posible si sólo se tiene actitud correcta.

El pensar siempre positivamente y ser optimista ha sido durante mucho tiempo una señal de obligación en Estados Unidos, y el miedo de cuestionarse tuvo gran importancia para el colapso financiero del país, afirmó Barbara Ehrenreich en el aclamado libro “Bright-sided: How Positive Thinking is Undermining America” / “Gilla läget” : hur allt gick åt helvete med positivt tänkande (ver Under strecket 20/10 2010/ en sueco). Ella muestra una poderosa simbiosis entre la religión y la proclamación del pensamiento positivo. Este enfoque también tiene el efecto de que la culpa de lo que es esencialmente el resultado de fracasos políticos o económicos o fraudes son lanzados sobre el individuo: si tú pierdes puesto de trabajo y hogar, es probablemente tu actitud la que es equivocada. Que cada uno es su propia fábrica de felicidad se afirma en libros de gran éxito como “La Ley de la Atracción” y – “El secreto” donde al lector se le promete que “tú puedes obtener, hacer o ser lo que tú quieras”.

Se trata pues de independientemente del estado, ser positivo, entusiasta y optimista, pero ¿se puede manejar eso sin una generosa medida de auto-engaño? Uno podría llegar a pensar lo que la autora y artista Gunilla Dahlgren escribió: “Pone en el periódico que las personas alegres/felices son más saludables que otras. Tal vez sean felices porque son saludables”.

”For America, the best is yet to come!” (“Para Estados Unidos, lo mejor está aún por venir!”) proclamó Barack Obama en su discurso tras la victoria en las elecciones presidenciales. Tales promesas encajan en el culto del optimismo, pero ¿cómo/en qué están basadas? La incertidumbre es similar a la que se podía sentir ante un titular del tabloide Expressen en octubre: “Testea: Comprueba si puedes ser feliz en 20 minutos!”.

La idea de que hay atajos para una satisfacción duradera e incluso la felicidad es el motor de la industria de auto-ayuda. Pero, ¿cuántos realmente han encontrado una nueva y más brillante orientación con la ayuda de ‘tarjetas de afirmación’, mantras de auto-realización y listas de cinco puntos? Es revelador que “la regla de 18 meses” es un concepto entre editores estadunidenses de literatura de autoayuda. Afirman que el comprador más probable de un libro de auto-ayuda es alguien que en los últimos dieciocho meses ha comprado un libro de auto-ayuda.

Esto, que los consejos de autoayuda no parecen funcionar, fue la visión que condujo al periodista británico Oliver Burkeman a escribir The Antidote: Happiness For People Who Can’t Stand Positive Thinking – El antídoto: Felicidad para la gente que no soporta el pensamiento positivo. Él tiene una columna de psicología en The Guardian y está en contacto permanente con todas las tendencias, las modas, predicadores y diferentes métodos que se dicen nos ayudarán a limpiar el camino a la felicidad. Ha escrito una especie de libro de autoayuda invertido que muestra la manera de salir de un atolladero de fangosos conceptos de felicidad y el evangelio del optimismo. Puede sonar como una guía para El país del crepúsculo (Skymningslandet), pero está escrito con buen humor y tranquiliza además la mente del lector en la forma en que la visión negra y clara a menudo pueden.

Burkeman se reúne con gente que de diferentes maneras aplican una especie de pesimismo positivo en sus vidas y actividades. Habla con, entre otros, un budista, un psicólogo, un experto en terrorismo y un consultor de negocios, encuentra alegría de vivir tanto entre los que celebran el Día de los Muertos en México como en los habitantes de los enormes barrios de tugurios de Kibera en Kenia.

También describe una especie de museo del fracaso en Michigan, un supermercado coagulado lleno de productos de consumición fácilmente movibles que casi nadie había querido y que rápidamente fueron eliminados después del lanzamiento. Burkeman reflexiona sobre todo el entusiasmo, el esfuerzo de desarrollo y todo el dinero gastado en marketing de productos como Pepsi AM Breakfast Cola, revueltos de huevo para microondas y galletas de felicidad para perros. Este cementerio de consumismo recuerda enfáticamente que el fiasco constantemente está al acecho detrás de la esquina, a pesar de esperanzas y buenas intenciones – casi el 90 por ciento de todos los nuevos productos fracasan.

Con ayuda de entrevistas y ‘frutos de lectura’ presiente Burkeman que es la búsqueda de la felicidad en sí misma la que nos hace infelices. Tratamos de eliminar lo negativo – inseguridad, incertidumbre, fracasos y tristeza – y esto nos hace sentirnos desprotegidos, inseguros, fracasados y tristes. La alternativa no es resignación, sino el buscar contentarse con que  la vida aparenta como lo hace, que iremos a enfrentar adversidades y pérdidas, que no hay seguridad duradera, y no menos importante que un día vamos a perder todo lo que valoramos, y – si sirve de consuelo – evitar lo que tememos.

Por supuesto, son en gran medida ideas viejas en nuevo disfraz. Los estoicos subrayaron la importancia de considerar lo mal que las cosas pueden ir, el preservar una especie de indiferencia ante las circunstancias y entender que lo que es positivo o negativo depende de cómo se mire la cosa. Séneca enseñó que la ira es la raíz de la esperanza, que el optimismo excesivo nos desarma ante las adversidades innatas de la vida. Debemos tratar de contentarnos con la imperfección de la vida. Y un pesimista tiene buenas posibilidades de ser a menudo gratamente sorprendido.

Burkeman señala una alternativa de pista “negativa” como un enfoque viable. Él hace referencia a “negativo” no como algo desagradable, sino más bien una especie de dejación, a poder aceptar sentimientos negativos y no continuamente persiguir lo positivo. El optimismo no está mal, pero se necesita un contrapeso en una cultura tan obsesionada con pensamientos positivos y creeencia en que el que todo va a solucionarse es el camino a la felicidad. Si se decide uno a pensar positivamente, siempre hay que estar atentos a pensamientos negativos con el fin de reprimirlos, lo que probablemente resulte en que estos resultarán aún más prominentes. Intenta por ejemplo no pensar en una jeringa.

Además se basa el pensamiento positivo en optimismo irreflexivo y trata sólo de mirar hacia adelante en la convicción de que todo será mejor luego, que la felicidad o la satisfacción siempre pertenecen a otro tiempo que no es ahora. Pero ¿cuando excepto en el momento presente podemos experimentar la felicidad? Lo desaparecido alimenta la falta o nostalgia, Lo esperado crea la añoranza y ambos devalúan el presente. Aquí no está mal pensar aunque no sea de mucho consuelo que una forma de optimismo es creer que las cosas realmente puede empeorar.

Incluso si alcanzamos las metas establecidas pueden volverse en obstáculos para nuestra felicidad. La “adaptación hedónica” significa que nos acostumbramos y damos por sentadas las cosas buenas de la vida, y así no las apreciamos más.

El decir buenas noches a su persona querida o sus hijos y considerar que es posible que nunca más volvamos a verlos es tal vez para impulsar el conocimiento de la fragilidad de la vida demasiado lejos y es probablemente creador de ansiedad, pero una mayor conciencia de que nada es permanente puede ayudarnos a aprovechar lo que es esencial en nuestras vidas. Memento mori, hay una última vez para todo.

Justamente esto, el aceptar el cambio como algo natural e inevitable, el dejar de buscar seguridad, estabilidad y durabilidad, es según las investigaciones de Burkeman un elemento importante para poder escapar de la vanidosa persecución tras la felicidad.

Él cita a la monja budista estadounidense Pema Chödrön que ve la incertidumbre como la esencia de la naturaleza. Nuestra ansiedad y desesperación provienen de que buscamos un terreno firme donde estar, pero que en realidad no existe: “Las cosas no son permanentes, no duran, no hay ninguna seguridad final o protección. Lo que nos hace sentirnos desesperados no es la verdad, sino nuestros intentos de evitarla.”

Son pensamientos relacionados con ellos que el filósofo británico Alan Watts presentó en las décadas de 1950 – y 60 en libros como “The Wisdom of Insecurity”, Vintage ed. 1968, ISBN 0-394-70468-1. Watts veía el budismo como una forma de psicoterapia y consideraba que para poder abarcar la idea de que no hay ninguna seguridad, hay que entender que el “yo” no existe como algo permanente dentro de nosotros. Somos una parte de un sistema del que no podemos situarnos fuera de él. “La vida es un baile, y cuando bailas no tienes la intención de llegar a ninguna parte”, escribió. “El propósito y el objetivo del baile es el baile.”

En nuestra cultura somos llevados a creer que la felicidad es algo que se puede lograr, y que uno de los caminos se llama consumición, pero muchos pueden estar de acuerdo en que Marcel Proust ‘tenía un punto’ (tenía razón) en que ese anhelo “el deseo florece, la posesión marchita todas las cosas“. Quizás la consumición llena el vacío y la sensación de incertidumbre que la secularización ha producido. El enfoque científico ha relegado a la religión, el cuestionamiento ha sustituido a la fe, y para muchos se hace difícilmente soportable ver la vida como un rayo de luz entre dos eternidades sin otro sentido que el que nosotros mismos podamos otrogar a la misma. Se trata de un “ahora o nunca” que crea un estrés existencial.

La relativamente joven investigación de felicidad muestra que a menudo no es lo que nosotros creemos lo que otorga satisfacción y un sentido de auto-realización. Por ejemplo, el culto de pensamiento positivo está fuertemente enfocado en la propia persona, en el yo, en los pensamientos propios, los deseos, como si fuésemos independientes de otras personas. Pero estudios muestran que la interacción social es importante para nuestro bienestar, y que otorga más felicidad el ayudar a otros que sólo apostar por uno mismo. Si el propósito principal de las buenas acciones es ser feliz uno mismo tal vez se tenga algo en que pensar sobre su propio carácter, pero objetivamente, el resultado será bueno.

Burkeman también hace referencia a investigaciones que muestran que la gente en países pobres en general parece más feliz que la gente en países ricos industrializados. Ellos sufren en mucha menor medida de condiciones como ansiedad y depresión, incluso teniendo en cuenta que rara vez son diagnosticados o tienen medios de ir a tratamientos de terapia. Una explicación podría ser que las preocupaciones y las expectativas de vida aumentan en proporción a la cantidad que se tiene que cuidar y proteger.

Una mayor tranquilidad mediante el reducir el consumo que hemos aprendido a creer que crea seguridad, pues. Pero el dar la espalda a la sociedad de consumismo sería bien cercano a un acto de sabotaje en una economía que se basa en la idea de crecimiento constante.

“Pero ¿cuál es el significado de nuestro mundo entonces?” pregunta Cándido en la novela picaresca de Voltaire.”

– Pero, dígame usted -añadió Cándido – ¿Por qué designio le parece a usted que fué creado el mundo?.

– Con el designio de hacernos raviar – respondió Martín. [Negativa tankar bästa vägen till glädje | SvD]

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