SRI LANKA – Vida en tranquilidad paradisíaca

Sri Lanka tiene también eso que India y Tailandia pueden ofrecer de hermosas playas, buena comida y alojamiento barato. Dagens Nyheter Resor hace de guía a las perlas.

El ventilador de techo zumba sonoramente y gira rápido, a pesar de eso está muy húmedo y caliente en la habitación. “¿Cómo estás? Estoy supercuriosa sobre cómo es allí! “Con los ojos medio cerrados miro soñolienta al teléfono móvil. Mi madre debe de haber olvidado la diferencia horaria. Aquí en Sri Lanka son las cuatro y media de la madrugada, en casa en Suecia son las once de la noche.

Galle_Sri_Lanka

Es mi sexto día en Sri Lanka y por el momento estoy más que satisfecha. “India light”, dicen algunos. “Como Tailandia, pero más tranquilo”, dicen otros. Es difícil no comparar Sri Lanka con los países circundantes, más populares países. Porque también aquí hay buena comida, alojamiento barato y experiencias de naturaleza impresionantes. También aquí hay clima cálido todo el año, y las blancas playas, palmeras y el paradisíaco mar de color azur.

Doblo a un lado la desgastada mosquitera y me pongo bajo el ventilador para refrescarme un poco.

“Hace muy buen tiempo, aparenta como un paraíso y la comida es deliciosa! Pero el tráfico es del todo loco”, escribo de vuelta.

Estoy en el pueblo de Hikkaduwa en la costa oeste y mi compañía de viaje se compone de cuatro chicos suecos de unos 25 años de edad. Dos de ellos no han estado aquí antes y yo también estoy en Sri Lanka por primera vez.

La habitación en la que nos alejamos en Vernon’s Guesthouse puede que sea muy desaliñada pero es muy barata. 140 coronas suecas por noche y habitación doble pagamos y tenemos una ubicación ideal justo en medio de la playa. También vivimos junto al popular bar Funky de Bar, cuya famosa ‘música de casa’ atrae a surfistas con ganas de juerga durante la entrada noche.

Funky de Bar--

http://www.flickr.com/photos/thebigdurian/2187147475/sizes/l/

Durante el vuelo de once horas de Londres a Colombo, la ciudad más grande de Sri Lanka, ojeé con curiosidad el libro guía de Lonely Planet sobre Sri Lanka. Pero seis días después puedo constatar que muchos de los consejos son inútiles. La edición es de 2009, el mismo año en que terminó la guerra civil, y han pasado muchas cosas desde entonces. Por ejemplo, aparecen sólo unas pocas líneas sobre Hikkaduwa, que hoy es uno de los pueblos que cuenta con más afluencia de turístas en todo el país.  

– Por supuesto que había turistas en Hikkaduwa hace dos años también, pero se siente como que hay casi el doble de turistas ahora, dice Anton Nyström, quien viajó alrededor de la isla durante tres meses ese año.

Él cuenta que el número de bares ha aumentado y que los precios de las habitaciones se han vuelto mucho más altos.

Son las doce y yo, Anton y el resto de la pandilla de viaje almorzamos fuera en el porche del albergue. En el calor de 30 grados se derrite rápidamente mi protector solar y se desliza sobre los ojos y gotea por desgracia sobre el atún a la parrilla también.

Nos ponemos de acuerdo en que estamos listos con el festejar en Hikkaduwa. Es hora de descansar un poco ahora, y es difícil hacerlo en la playa cuando tercos vendedores de joyas caminan de paso cada diez minutos. Decidimos ir Hill Country.

Hill Country es el área de selva tropical que se encuentra justo en el centro del país. Es montañoso, tropical, algo más fresco y mucho más tranquilo.

Queremos tomar un autobús a Ella, el pueblo en Hill Country  que más nos atrae. Pero no tenemos suerte y huelga de autobuses da comienzo una hora antes de que vamos a abandonar Hikkaduwa. El plan B será conseguir un taxi y con la ayuda del albergue rápidamente nos hacemos con un moderno minibus. El viaje que primero va a ir hacia el sur y luego hacia el interior, tomará alrededor de cuatro horas y vamos a pagar algo más del equivalente a 200 coronas suecas cada uno.

A lo largo de la costa de Hikkaduwa hacia abajo en dirección a Matara pasamos una y otra vez fantásticos motivos de tarjeta postal donde el paisaje está completamente intacto. Deshabitado.

No hay una terraza o parasol a la vista. Cocoteras, mar brillante… todo lo que se anhela cuando está como más gris en casa (Suecia).

Pero luego giro la mirada hacia el tráfico y recibo una sensación totalmente diferente: Bullicio. Hay poca distancia entre los coches y motocicletas y tuk-tuks nos adelantan con prisa. Ya que hay huelga de autobuses evitamos por suerte a los conductores de autobuses que suelen competir entre sí hasta la siguiente parada – y el siguiente viajero que paga.

Después de Matara se vuelve más disperso entre las pequeñas casas, chavolas de chapa y quioscos. La zona parece no haber sido visitada por algún no srilanqueño en muchos, muchos años.

Esta parte de Sri Lanka fue duramente afectada por el tsunami el 2004. Olas de doce metros se arrastraron tierra adentro precisamente aquí, en algunos casos hasta dos kilómetros. Según las cifras oficiales murieron más de 30 000 personas en el tsunami y alrededor de un millón de srilanqueños perdieron sus hogares. Hoy en día mucho se ha reconstruido de nuevo, pero aún se ven ruinas en algunos sitios.

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Unos kilómetros más adelante dejamos la costa y viajamos hacia el interior. La carretera comienza de repente a ser muy escarpada, el aire se siente más fresco y nos adentramos en la exuberante selva tropical. A lo largo de la montañosa carretera, junto a los troncos de árboles tropicales, vislumbramos muchas familias de monos que con curiosidad miran a nuestro vehículo.

– Ellos cogen vuestra comida, tened cuidado, advierte nuestro chofer cuando se da cuenta de lo emocionada que me pongo con los lindos macacos de Ceylán.

Una vez llegados a Ella aparca el chofer frente al Sun Top Inn, el albergue/casa de huéspedes donde nos alojaremos, y nos encontramos con el propietario Priyantha fuera de la casa.

– Estaba a punto de llamar y oír si deseábais ser recogidos en alguna parte, tenía miedo de que la huelga pudiese causar problemas para vosotros, dice amablemente.

Pasamos cinco días en Ella y queremos de buena gana quedarnos más tiempo. Es un pueblo acogedor y las frescas noches hacen que se siente como el verano sueco – pero en ambiente de selva.

A veces llueve mucho y entonces tomamos las cosas con calma y nos dedicarnos a comer el increíble curry en el albergue. A un par de pasos de distancia se encuentra el Ella Village Restaurant y también allí comemos una comida de curry deliciosa.

Hay mucho que hacer en Hill Country. Visitamos a las mujeres de edad en las plantaciones de té, vamos en un hermoso viaje en tren a través de las montañas, algunos de nosotros caminamos de noche junto con monjes hasta el Pico de Adán y vemos un amanecer escandalosamente hermoso por encima de las nubes y vamos a un espectáculo de fuego turístico pero feroz en Kandy.

El último día nos damos el lujo de masaje ayurveda en el salon más cercano a nuestro albergue. Una experiencia agradable pero extraña – es bastante duro a veces y los/las masajistas tienen muchas risitas entre sí durante el tratamiento.

Cuando llega el momento de irnos nos empareja Priyantha junto con otros dos compañeros de viaje y consigue un chofer para todo el grupo, lo que presiona abajo el precio ya que que somos más los que repartimos el coste.

Hikkaduwa, Sri Lanka

La siguiente parada será Mirissa, una aldea que en el Lonely Planet es llamada ‘durmiente’. Ciertamente es tranquila, pero hay montones de hoteles de nueva construcción, albergues, restaurantes, quioscos de comida rápida y tiendas a lo largo de las calles principales.

Después de la puesta del sol se nota que no hay iluminación callejera un poco aquí y allá, pero es sin duda un buen pueblo de vacaciones si se quiere una oferta moderadamente variada de restaurantes y hoteles. Perfecto para parejas y viajeros solitarios. En Mirissa comemos el mejor roti a lo largo del viaje en un pequeño restaurante escondido llamado Dewmini Roti Shop.

Junto al restaurante la joven propietaria está construyendo una casa de huéspedes propia y nos complace que nuestro consumo de comida de roti pueda ayudar a su construcción.

Nuestros últimos días en la costa estuvimos en Midigama, un muy pequeñito pueblo con dos playas de arena fina donde nos descansamos y surfeamos. Las tardes en que nos sentimos con fuerzas de hacer más vamos a la cercana aldea de pescadores Weligama, a la ‘gran ciudad’Galle y a la llena de turistas y enérgica Unawatuna.

En Midigama vivimos muy sencillo y barato en el albergue Ram Guest House que es un clásico entre los turistas que practican surf. El servicio es personal y las populares parrilladas son agradables. Pero el ruido del tráfico de la carretera principal, que corre justo detrás tanto de este albergue así como de muchos otros albergues en la costa, comienza pronto a perturbar mi sueño.

Reviso mi saldo bancario y descubro encantada que el viaje ha costado menos de lo que pensaba, y puedo darme el lujo de vivir un poco más caro durante mis últimos días en el país. 

Consulto a Asanka Sherly, uno de los conductores de tuk-tuk que a menudo están fuera del albergue Ram y esperan conducciones.

– ¿Un hotel silencioso? ¿Qué quieres decir? pregunta Asanka y sonríe con una sonrisa blanca cegadora.

– O sea, tan lejos de la carretera principal como sea posible, pero cerca de la playa de todos modos, digo yo.

– Hay un lugar pequeño de nueva construcción cerca de Weligama. Pero luego tienes que caminar unos cientos de metros, si quieres conseguir un tuk-tuk dice Asanka.

Él me lleva un par de kilómetros a lo largo de la carretera principal y gira pronto a un camino de grava. El tuk-tuk ‘bachea’ entre los hoyos en la grava hasta llegar a un cercado de vacas que luego se convierte en playa de arena.

– Es probable que cueste 4 500 rupias una noche aquí, o 35 dólares, dice Asanka y da la vuelta con el tuk-tuk para evitar atropellar a dos vacas que nos miran.

Frente a nosotros brilla una laguna natural en la orilla de la playa. A la izquierda de esta vislumbra un pequeño porche que pertenece al hotel Villa Naomi. A la derecha hay una larga línea de palmeras y una playa de arena. Ni una sola persona a la vista. Asanka aparca en el hotel y yo saco la cabeza por la puerta lateral y agudizo las orejas.

Lo único que se oye es el mar. [Paradisliv i lugn och ro på Sri Lanka – DN.SE]

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