Las mujeres que amaron a dictadores

Diktatorernas kvinnorAsí fueron sus vidas después de que conocieron a los hombres que sembraron el terror a su alrededor.

Las mujeres se congregaron en torno a hombres como Hitler, Mussolini, Stalin y Mao.

Los dictadores que gobernaron sus países con terror rara vez eran pintorescos, pero muchos han testimoniado de personalidades crepitantes y elocuentes. Por eso pudieron rodearse de amantes, esposas y putas.

Los hombres del poder gobernaron sus países con mano dura, y a menudo también a sus esposas y amantes.

Entonces, ¿quiénes fueron las mujeres que ‘quedaron atascadas’ por los hombres crueles y cómo aparentó su vida?

Elena, Margarita, Inessa, Kato y He Zizhen eligieron vivir con algunos de los dictadores más famosos del mundo. Encontraron a sus hombres ya cuando eran muy jóvenes. Cuando los hombres estaban en la ‘parrilla de salida’ de su carrera política y todavía no habían mostrado toda la crueldad que caracterizó después a sus regímenes. Fue principalmente su carisma y su participación en la política lo que atrajo según la periodista Diane Ducret. En su libro Diktatorernas kvinnor (Lind & Co.) (Las mujeres de los dictadores) describe ella la vida de las mujeres y duras condiciones.

Varias de ellas provenían de familias pobres y soñaban con revolución y pasión. A menudo compartían las visiones políticas de sus maridos y algunas de ellas se convirtieron en los últimos años en importantes asesoras de sus cónyuges gobernantes.

Elena Ceausescu fue al final casi más famosa que su marido Nicolae Ceausescu en Rumania. Vio la oportunidad de hacerse con poder y gloria ella misma en el papel de esposa del presidente. Pero al mismo tiempo que la máquina de propaganda rodaba con toda su fuerza en su país de origen no pudo ocultar su locura en el extranjero. Sus demandas de extravagancia y regalos durante las visitas de estado resultaron ridículas y la gente tanto se reía como se horrorizaba a sus espaldas. Elena fue ejecutada junto con su marido en 1989.

La mayoría de las esposas de los dictadores tuvieron por el contrario que adaptarse a ser intimidadas y engañadas, los poderosos hombre tenían una larga lista de amantes que deberían de ser entretenidas. La suerte/el destino de la esposa era generalmente dar un paso atrás, tener hijos y apoyar a su marido cuando él se dignaba a aparecer. La posición de las amantes era aún más precaria, raramente duraron largo tiempo en el dormitorio del palacio aunque algunas lograron aguantar períodos más largos. […] [aftonbladet.se/nyheter/article15533459.ab]

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