IKEA ha ordeñado a Suecia de RR. PP. durante todos los años

dedo-del-medioEl catálogo de Ikea de Arabia Saudita está completamente depurado de mujeres. Muestra decorados, hombres, niños y allí donde por lo demás deberían estar las mujeres: nada. La seña de identidad de Ikea es construir habitaciones y dar alma a las mismas, humanizarlas, dar una idea de lo que es un hogar. Por eso es horroroso cuando no hay ni una sola mujer allí.

Entiendo por qué Ikea nos ha retocado/extirpado/quitado. En Arabia Saudita las mujeres carecen del derecho a voto, no pueden conducir coche, no pueden estar solas al aire libre, estamos justamente: nada. Es apartheid, una cultura tan completamente diferente que no sería suficiente con cubrir a las mujeres de Ikea con velos, porque nuestros cuerpos todavía serían demasiado iguales, ocuparían demasiado espacio. Es más fácil sólo borrar. (En Suecia probablemente también el mismo catálogo sería considerado irónicamente superfeminista: Imagina que todo el tiempo es un padre soltero con hijos en cada portada, la madre está fuera y hacer carrera!)

En el programa SVT Debatt escribe el comentarista Frederick Segerfeldt: “Una empresa no es un actor político, sino un actor comercial. No se pueden exigir los mismos requisitos a uno así como por ejemplo a un estado o a una organización no gubernamental (ONG). La tarea de Ikea es ganar dinero mediante la venta de muebles. Aunque no es el propósito de la actividad ayuda a difundir valores sobre democracia liberal y derechos humanos, incluidos los de las mujeres.”

Esta contradicción es la esencia misma del liberalismo de mercado, y la actuación de Ikea en países subdesarrollados políticamente es de ahí una clara ilustración.

“Ikea es una empresa comercial que es religiosa y políticamente independiente, y la marca Ikea no debe utilizarse con fines políticos”, explicaron los responsables de prensa recientemente cuando Ikea en Rusia borró la contribución líder en su concurso de decoración porque contenía un guiño a las presas políticas de Pussy Riot. Como si la fingida neutralidad de Ikea – esa adaptación a la plantilla que cierta ideología cree automáticamente crea libertad en su forma más pura – no en sí misma fuese política.

Ikea puede sonreir cuando sea necesario, la empresa ha ordeñado a Suecia de relaciones públicas y dinero durante todos los años. Tanto el estado como la familia real hacen publicidad gratis todo el tiempo, a pesar de que todos sabemos que IKEA es una empresa evasora fiscal que carece de solidaridad. Incluso estamos dispuestos a perdonar a Ingvar Kamprad su pasado como nazi.

Ikea quizás hace algo de buen corazón de vez en cuando, pero sólo si vale la pena económicamente. A grandes rasgos la empresa levanta el dedo medio a todo lo que se llama derechos humanos. El concepto de negocio es/son muebles (‘imposibles-de-montar) baratos para consumidores cuya memoria es de corta duración. Usar y tirar. [Ikea skiter i kvinnorna – Metro]

(IKEA ‘se caga’ en las mujeres / ’A IKEA le da por culo/saco las mujeres’ / ‘A IKEA las mujeres le importan un bledo’).

Visión IKEA

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