«Ellos nunca lo harían y nosotros lo seguimos haciendo»

La Comunidad pide más sensibilidad ante el abandono de mascotas y trata de impulsar su adopción

El viceconsejero de Medio Ambiente, Luis Asúa, señaló ayer que en la Comunidad de Madrid hay 8.000 perros que se abandonan, de los cuales un 60% se adoptan a través de un programa que impulsa el ejecutivo regional desde el año 2006 en el que se han invertido más de 15 millones de euros. «Ellos nunca lo harían, pero nosotros lo segumos haciendo», sentenció.

perro abandonado

Una media de 600 animales de compañía son abandonados cada mes y, según apunta Asúa, «existen en Madrid 400.000 propietarios de mascotas, lo que significa que casi un tercio de los hogares madrileños tienen un animal de compañía», ha señalado el viceconsejero quien ha apelado a «la tenencia responsable de animales» y ha animado a los madrileños a «adoptar una mascota».

La Comunidad cuenta con un Plan de Protección y Bienestar Animal para educar en la responsabilidad a los dueños de las mascotas y para prevenir o reducir «el abandono y el maltrato» de estos animales de compañía.

La coordinadora del CIAAM de Colmenar Viejo, Matilde Cubillo, asegura que en este centro «se busca familia a todos los perros y no se les sacrifica por problemas de espacio, solo en caso de enfermedad y por prescripción del veterinario y actualmente tenemos 240 perros y unos 80 gatos».

El Consejo de Gobierno aprobó el jueves un nuevo precio público por el mantenimiento de «animales extraviados» en el CIAAM cobrando 10 euros a su propietario cada día que unperro o gato «perdido», permanezca recogido en este centro. El fin último es fomentar que los ciudadanos que posean un animal se «responsabilicen» de su tenencia y abonen parte de los gastos que ha originado mantener a la mascota en las instalaciones mientras siguen «extraviados». [«Ellos nunca lo harían y nosotros lo seguimos haciendo» – ABC.es]

One Comment

  1. CARLOS ESTRADA

    A colación de lo que hace el hombre con los animales…

    PIT BULL TERRIER BALEADO. IMPUNE ABUSO DE ARMA DE UN COBARDE POLICÍA DE NEW YORK

    Desde Buenos Aires escribe Carlos Estrada*

    Análisis de un problema que en muchos países las autoridades no corrigen.

    Resulta inexplicable que la Policía de Nueva York (que siempre he admirado) tenga en sus filas a hombres que abusan de arma con impunidad, como los que atentaron contra una Pit bull que protegía a su dueño caído en la vía pública.

    No se trata de un perro “asesino”, sino de un perro héroe que dio la vida en defensa de su dueño caído.

    Sólo quien padece defectuoso desarrollo mental (no cabe otro análisis) pudo desenfundar un revólver de poderoso calibre y a menos de un metro apuntar a la cabeza de un can sin tener en cuenta que en ese lugar y en la misma dirección del proyectil se encontraba desvanecido un hombre y alrededor muchas personas mirando.

    Aparentemente, el lunes 13 de agosto pasado, un indigente que minutos antes había estado en la puerta de una pizzería, cayó al piso y quedó inmóvil pero con signos de vida en el East Village de Nueva York y la fiel Pit bull terrier de nombre “Star” que habría adoptado un año atrás, permaneció a su lado.

    La llegada de una patrulla policial alertada por posible llamado anónimo y la presencia de curiosos alteró al animal, máxime cuando alguien trató de hacer reaccionar al hombre moviéndolo con leves patadas.

    En un marco de vicios, falta de profesionalismo y abuso de autoridad los uniformados intentaron “auxiliar” al indigente, tarea que observó con nerviosismo la Pit bull (de poca altura y delgadas patas) que se mantuvo al lado de su dueño en actitud protectora y ante el avance de personas se refugió entre dos pequeñas columnas de metal -que usan los bomberos- y comenzó a ladrar a un oficial que se acercó apuntando con un revólver, iniciando sorpresiva y corta carrera a un costado (actitud muy común en chimpancés, gorilas, elefantes y leones en la selva), regresando hacia el uniformado que pensó que estaba solo en la India ante un “feroz tigre” y con cobardía efectuó un disparo que hizo dar un giro en el aire a la perra y caer moribunda, gimiendo de manera escalofriante mientras sacudía sus patas en señal de dolor y un charco de sangre se extendía en la vereda, indefensión que fue aprovechada por otro despreciable policía que sumó daño innecesario y le roció la cara con un gas irritante. Todo quedó registrado en cámaras fotográficas y filmaciones de señoras que gritaban e insultaban a los malvados.

    Era de esperar que la Pit bull atropellara con gruñidos intimidatorios. Conviene señalar que sólo iba a morder levemente un pie (hecho evitable) porque por instinto no dejaría sin vigilancia al ser que defendía.

    Los funcionarios hicieron mal la tarea… en primer lugar no alejaron al público, no mostraron indiferencia ante el perro manteniendo prudente distancia para organizar la defensa. Entiéndase: colocarse guantes, tener camperas en las manos, algún cordón o cinturón (de ser posible una manta o silla) y sin acercarse demasiado al animal esperar su reacción y entre dos o tres hombres frenarlo con los menores daños posibles, neutralizando su mordida con una campera o bastón entre los dientes, inmovilizarlo con rapidez y luego ajustar un lazo en el hocico y atarle las patas.

    Muchos dirán que eso lleva “demasiado tiempo” y riesgos de lesiones en las manos, que es más fácil resolverlo con un balazo, yo sostengo que los resultados son buenos si se actúa con velocidad, coordinación y buenos reflejos, no el criminal método de usar un arma de fuego para matar a un perro que simplemente cuidaba a su dueño caído, además el cruel funcionario policial no tuvo inteligencia para calcular que en su recorrido el proyectil podía atravesar el blanco y seguir camino o rebotar dañando vidas inocentes.

    Sería justificable el uso cuidadoso de arma de fuego en auxilio de persona en el piso atacada por un perro peligroso o cuando un animal impide que socorran a la víctima que ha mordido.

    Los policías tienen la ventaja de capacitarse en divisiones caninas oficiales a diferencia de los ciudadanos comunes, entonces no pueden servir a la comunidad mediante actos salvajes.

    Cuando un policía es recibido a balazos por delincuentes, su respuesta obligadamente debe ser violenta, pero sin excesos. Abusar de arma contra un ser de escala zoológica diferente, de poco tamaño y que no representa demasiado peligro, es un acto bajo, repudiable y cobarde.

    Entiendo que los “servidores de la ley” tenían que auxiliar a la persona caída y comprendo que el perro podía morderlos, pero también es cierto que en muchos individuos existe un inconfesable desprecio por los perros pit bull terrier.

    Mantener el orden y ser el “brazo auxiliar de la justicia” implica tener intachables condiciones morales, elemental sensibilidad, ética, suficiente inteligencia y estar entrenado para diferentes emergencias, no sólo aptitudes para empuñar armas; hay que saber dominar a personas alcoholizadas, drogadas, nerviosas y a perros agresivos, casos muy comunes en el diario trabajo policial, sin recurrir siempre al revólver o pistola.

    El hombre honesto debe conocer la diferencia entre una bala disparada por un criminal que está jugado y no quiere perder la libertad y la disparada por un funcionario que ha sido armado legalmente por el Estado para que defienda la ley y a la sociedad decente damnificada.

    En Argentina abundan policías adictos al “gatillo fácil” que han matado con impunidad y en público a perros de apariencia agresiva y fauna silvestre vulnerable de extinción refugiada en árboles.

    Los Pitt Bull terrier tienen fama de peligrosos por su reacción ante perros desconocidos (hay excepciones) y su mordida es temida por la presión que ejercen y el ancho de la boca; su tamaño mediano los hace poderosos para luchar con animales más altos, pero no tienen igual ventaja con las personas, por ende, un policía entrenado puede dominarlos sin riesgos serios, lo que no es igual con razas de estructuras grandes y pesadas como rottweiler y dogo, capaces de derribar en una sola embestida al hombre más fuerte.

    Existe abismal diferencia con los “publicitados” ataques de Pit bull a niños que los molestan mientras comen, propietarios que los patean o mordeduras a extraños que ingresan a viviendas, agresiones que en muchos casos llegan a fondo y se convierten en terroríficas porque los ejemplares “alfa” no soportan reiterado maltrato, el acoso de menores y tampoco la visita de desconocidos. Si ataca más de un perro difícilmente suelten a la presa y la culpa la tienen personas que creen que estas razas son mascotas “de moda” para tener en departamentos reducidos o en ambientes cargados de personas; no son simples de manejar, el guía debe ser cariñoso y firme, respetarlos, fijar pautas de comportamiento desde cachorros y adoptar precauciones especiales a lo largo de sus vidas.

    En el campo tengo separados y para vigilancia numerosos Pit bull terrier, Bull terrier, Dogo argentino, etc., de mucho carácter, y en mi domicilio un Chow-chow de temible mordida y un bravo pit bull terrier de línea mexicana.

    Muchas veces fui herido por animales que no trato permanentemente (vivo en la ciudad), al prepararlos en salto de obstáculos, entrar por ventanillas de vehículos, derribar a un jinete sin dañar al caballo, ataque y desarme de agresores, etc., para frenar el flagelo de cazadores furtivos y cuatreros. La práctica y feas experiencias me enseñaron a evitar mordeduras o lograr que los riesgos sean mínimos, algo que un delincuente no podría hacer porque tendría que quedarse en el lugar sosteniendo a un musculoso animal y exponerse a ser capturado, además si un perro entrenado se libera o es apoyado por otros canes, mejor no explico el resultado. Un plantel grande bien distribuido, entrenado para actuar en las sombras, sin ladrar y por sorpresa desde diferentes ángulos, acostumbrados a que nada los saque de su objetivo, pueden reducir con éxito en menos de tres minutos a más de quince hombres armados que ingresen a un campo, más allá que sean expertos.

    He trabajado con lobos, fui asesor de importantes centros de crianza y adiestramiento, he preparado más de 500 perros en rastreo y defensa (todo documentado), he comprado y rehabilitado un imponente ejemplar muy golpeado por policías de una división perros, vendí dos Ovejero alemán a un área oficial para patrullajes de bancos, etc.

    En rescates de fauna sufrí cortes de venas, desgarros, diversas fracturas y perforaciones de huesos al clasificar y trasladar monos grandes, leones, osos, caimanes, serpientes y otros animales.

    Repetidas veces se escuchan dobles discursos de autoridades acerca de “prohibiciones”, de uso “obligatorio” de collar, correa y bozal en la vía pública, de controles de población canina en las ciudades, registros oficiales de perros “potencialmente peligrosos”, etc. A colación: los Pit bull son sociables pero hay que disciplinarlos desde pequeños. Potencialmente peligrosos somos los humanos; los animales atacan por instinto de conservación, por hambre o al ver invadidos sus territorios, el hombre mata por placer, deporte, envidia, por dinero, en nombre de las religiones, por discriminación, ambiciones desmedidas; los mediocres para probarse a sí mismos, otros para conseguir altos escalones políticos, para demostrar poderío bélico, por codicia de lo ajeno, bajo los efectos de alcohol o drogas peligrosas, por espíritu perverso, mala influencia paterna o del entorno callejero, etc.

    Las autoridades oficiales que permiten este tipo de perros en manos de personas en situación de calle (sin techo), gente que bebe alcohol en la vía pública, etc., son también responsables, igual las entidades protectoras que se promocionan con lindos discursos y no impedirían estos casos (ajenos a discriminación), es decir, las personas que viven en zonas pobres y de hacinamiento, las que están en la calle y se alcoholizan no tendrían que poseer razas que representen eventual peligro por falta de enseñanza, buen trato y control permanente.

    La cadena de responsables va más allá de los policías que balearon al Pit bull terrier; los vecinos sabían que esa perra era “muy celosa” del indigente, lo que hace suponer que defensores de los animales y autoridades oficiales de jurisdicción hicieron vista gorda. Es tarde para que salgan a lamentar el hecho y los pícaros se laven las manos.

    Presuntamente, el indigente estaba alcoholizado y sin conocimiento (o profundamente dormido), fue atendido y habría quedado detenido. Con bastante demora la perra “Star” en grave estado fue derivada -según trascendidos- al cuidado de una organización dedicada a los animales.

    Creo que el oficial que hizo el disparo no debería prestar servicio en la fuerza policial, merece ser sometido a juicio, recibir condena y además indemnizar al propietario del perro. En nombre de la ley no se puede hacer un daño más grave que el que se pretende evitar.

    Espero que la justicia de Dios sea contundente y devuelva el doble del dolor a los que dañaron en forma desmedida al Pit bull terrier.

    Aclaro que no generalizo porque todos los policías no actúan incorrectamente. Mi escrito es de esencia respetuosa, pero redactado desde la indignación después de haber revisado y analizado más de cincuenta veces las fotografías y filmaciones del criminal episodio.

    CARLOS ESTRADA *escritor y periodista de investigación.

    Buenos Aires, Argentina, 20 de agosto de 2012.

    Nota: respeto a los que están a favor de la actuación policial, pero quien no entiende de normas legales, de elemental sensibilidad y respeto por la vida ajena, quien desconoce los límites en la función policial y los opinólogos que no han estudiado comportamiento animal, que no han criado varios Pit bull terrier, que no saben cuándo muerde un perro y cual es la intensidad en cada caso ni han sufrido en carne propia decenas de lesiones y los que no poseen experiencias directas en manejo de animales salvajes y domésticos, tocan la guitarra de oreja.

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