“Ikea permitió a presos cubanos construir muebles”

El gigante del mueble IKEA es ahora acusado de utilizar a presos cubanos para fabricar muebles en los años 80. El acuerdo debería haberse cerrrado a través de contactos  comerciales de Alemania del Este. Esto se deduce de documentos de los archivos del órgano de inteligencia de la República Democrática Alemana (RDA) Stasi.

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Es el prestigioso diario alemán Frankfurter Allgemeine que ha leído documentos de los archivos del servicio de seguridad Stasi. Según el periódico debería Ikea en la segunda mitad de la década de 1980 haber permitido a prisioneros de la dictadura comunista de Cuba fabricar mesas de comedor y sillones para la cadena de muebles.

En septiembre de 1987 viajó una delegación con cinco empresarios de la antigua RDA a La Habana. Según los documentos que FAZ ha leído, llegaron los hombres que representaban a la Kunst-und Antiquitätenhandel GmbH (Comercio de Artes y Antigüedades) y Delta Export Import GmbH a Cuba el 17 de septiembre de 1987. Al día siguiente se reunieron con representantes del Ministerio del Interior, para discutir asuntos comunes. A la reunión asistió el coronel Enrique Sánchez, jefe de una empresa de nombre Emiat, que se responsabilizaba de amueblar las viviendas de las casas de verano y de huéspedes de las élites del partido cubano.

Según documentos contenidos en las actas de Stasi eran centros de producción lo que se discutió, “incorporados en las cárceles del Ministerio del Interior”. El contrato que se escribió dio a Cuba la misión de producir al menos 35 000 mesas de comedor  y 10 000 mesas infantiles.

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Un mes después de la visita a La Habana escribió la delegación, según el periódico, contrato con Ikea Trading Berlin, que tenía su sede en Friedrichstrasse, en la capital de Alemania Oriental. En ese contrato deberá decir que Ikea quería permitir fabricar 35 000 mesas, 10 000 mesas infantiles y 4.000 sillones en Cuba.

A principios de esta semana reveló el programa de televisión Uppdrag granskning, Del 16, que también ha leído documentos de los archivos de Stasi, que Ikea en los años 70 utilizó presos en la RDA para fabricar muebles.

Una primera partida de la butaca “Falkenberg” el verano de 1988 resultó no estar a la altura de los estándares de calidad de Ikea. Según el protocolo de Stasi se exigió entonces que la producción debería mejorarse para cumplir con el “estándar de calidad de Ikea”, de forma que “un suministro directo La Habana-Suecia se pudiese realizar”.

Portavoces de Ikea dicen al diario Frankfurter Allgemeine Zeitung que no tienen conocimiento de que se haya llevado a cabo producción de muebles en Cuba. [“Ikea lät kubanska fångar tillverka möbler” | SvD]

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