“Cada semana soy más pobre y tengo más miedo”

  • Los griegos tratan de sobrevivir a las penurias diarias de la crisis

pobreza greciaLa ruina es terrible. La humillación es aún peor. Los griegos, gente orgullosa, se sienten reducidos a la condición de parias, acosados por las acreedores y traicionados por sus políticos. Su economía se asfixia desde hace dos años y en el futuro sólo puede empeorar.

El miedo y la desolación, unidos a un punto de esperanza y al arrojo irracional de quien tiene ya poco que perder, componen el inestable ánimo colectivo ante las elecciones del 17 de junio. Si el pánico bancario se acelerara, la pertenencia de Grecia al euro podría no sobrevivir hasta entonces. […]

Los salarios públicos han sido recortados de forma drástica. Tras los antiguos excesos (un chófer ministerial podía ganar 4.300 euros mensuales), el otro extremo: el salario de un profesor de primaria ha pasado de 1.200 a 600 euros. Los enfermos tienen que pagar sus propias medicinas, y confiar en que el Estado les reintegre algo algún día. En dos años han cerrado más de 500.000 pequeños negocios. Las tiendas están vacías. Los bancos sufren una continua sangría de depósitos y en cualquier momento puede desatarse un pánico colectivo que acabe con el sector financiero y con el euro. El dinero casi ha dejado de circular.

“Estoy seguro de que seguiremos en el euro y acepto la obligación de devolver los créditos, pero tienen que darnos más tiempo porque en las actuales condiciones, la economía se muere”, opina Cleansis Tsironis, carnicero y presidente de los comerciantes del Mercado Central de Atenas. Sus ventas han bajado un 50% desde 2010. “Si no se salva Grecia, no se salva el euro”, añade.

Tsironis piensa igual que Tasos Boupalos, el quiosquero de la plaza de Victoria: “Tenemos que taparnos la nariz y votar a los dos partidos tradicionales, Pasok y Nueva Democracia, aunque sean ellos los culpables del desastre: si en las elecciones gana la nueva izquierda populista, la que rechaza la austeridad, dejaremos de pertenecer a la Unión Europea”, comenta. Boupalos solía ingresar unos 2.000 euros netos. Ahora no ingresa nada. Como Yanis, cuyo comercio de óptica permanece paralizado: ni entra ni sale género. “Cada semana soy más pobre y tengo más miedo. ¿Dónde llegaremos? ¿No podremos ni comer? Es terrorífico”, señala. […] [ENRIC GONZÁLEZ/internacional.elpais.com/]

 

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