Caminos de piedra – Villa de Leyva

En Boyacá

Villa de Leyva, a cuatro horas de Bogotá, es un destino ideal para pasar unos días de descanso y disfrutar de la oferta gastronómica.

Villa de Leyva

El parque Gondava, o el Gran Valle de los Dinosaurios, como se conoce, está ubicado en el municipio de Sáchica y es uno de los más visitados por los turistas que van a Villa de Leyva.

V DE LEYVA

Tiene el embrujo de ser lo suficientemente pequeña para recorrerla en una caminata de horas y la gracia de que volver a ella es a la vez encontrarse con algo nuevo sin dejar que el pasado se desdibuje o sea un elemento tedioso.

Villa de Leyva, a 177 kilómetros de Bogotá, pintada de blanco y verde, es un redescubrimiento marcado por un solo pecado: la gula. Si bien las expediciones de aventura son motivo para quedarse, son sus restaurantes, bares y cafés los que la transforman en sede de tertulias que se acompañan de lomos al carbón, vinos tintos, cebiches de camarón con mango y pastas al dente, mientras se escuchan grupos en vivo.

Y es que así uno vaya varios días o únicamente el fin de semana, termina siendo fiel a algún platillo que es por el mismo que regresa.

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Puede que sea por el pan de chocolate de la Pastelería Francesa, los waffles de la Waffleria, como el de milo, el de banana split o uno tan simple como el de mantequilla con syrup; puede que sea por las salchichas alemanas del centro comercial La Casona del Arroyo, el cerdo agridulce de Mi Cocina o por el placer de elegir todas las entradas de la carta de Antique, un sitio donde las botellas de vino cuelgan del techo.

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Lo cierto es que quien visita Villa de Leyva acaba extasiando el paladar con sabores de tierras lejanas, y cada esquina resulta convirtiéndose en pretexto de prueba, de que en algún momento del día se verá un matrimonio quizá escocés, de pronto inglés, de que en la noche todo confluirá para terminar bebiendo con los amigos en las bancas de los parques, de que caminar es entrar, por instinto, a cualquiera de las tiendas de artesanías que exhiben mochilas tejidas, ruanas de colores, alcancías de animales, objetos excéntricos, dulces de miel.

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Fundada en 1572, Villa de Leyva es famosa por sus caminos de piedra que son el reto de los tacones y los seres sumidos en el alcohol, quienes se empiezan a notar tras el ocaso. Aunque la vida nocturna tiende a pasarse en las fincas o los hoteles de alrededor, o finaliza después de una buena cena, encontrar dónde bailar pasada la medianoche es, sí o sí, involucrarse en la rutina del local.

A nosotros nos atrajo la bulla, en cuadras de silencio que invitaban al descanso. Fueron el juego de luces, la música que se salía de ese segundo piso y la gente que entonaba canciones como si se fuera a acabar el mundo, lo que nos hizo entrar a El Palco. Tal vez hay quienes digan que el lugar es algo pintoresco y se rehúsen a ingresar, pero allí, en esas mesas de madera con velas blancas, los jóvenes de Villa de Leyva van a contonearse con salsa y reggaetón para robar corazones.

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Las mañanas se deben aprovechar para programar la ida hacia los Pozos Azules, que deben su tonalidad a las sales del azufre y que están regados sobre un terreno amplio y montañoso. También, especialmente si se va en familia, una parada obligatoria a pocos minutos de Villa de Leyva es el parque Gondava o Valle de los Dinosaurios, en el municipio de Sáchica. Con un recorrido que sobrepasa la hora y media, este sitio deja explorar las distintas especies, remar en bote y elevarse por los cielos al colgarse de una cuerda.

Muy cerca de allí, se pueden practicar deportes como rapel, torrentismo, canopy y espeleología, además de visitar el Museo el Fósil, que, a pesar de que se conoce en minutos, muestra un reptil marino (cronosaurio) hallado en una vereda de la zona y deja el camino libre para ir después a la Granja de las Avestruces.

Villa de Leyva es uno de esos escapes cerquita a la capital que provoca la contemplación, que desencadena una travesía más calmada con cuotas de diversión, que se disfruta con su clima ideal, tardes soleadas, noches más frías. […] [Por: Lorena Machado Fiorillo/Caminos de piedra | ELESPECTADOR.COM]

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