Viaje de bajo coste en paraíso de lujo

En medio del Océano Índico se encuentran las Seychelles, sobre todo conocidas por sus impresionantes playas y vida de baño perezosa. Pero aquí también hay hermosos senderos de caminatas, carriles para bicis y sitios de buceo.

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Es temprano por la mañana y el parque nacional Vallée de Mai en la isla de Praslin acaba de abrir. Estamos aquí para caminar antes de que el sol haga el día demasiado caliente. El parque, que está en la Lista del Patrimonio Mundial de la ONU por su diversidad y rica vegetación, se encuentra en Praslin – la segunda isla más grande en el estado isleño de las Seychelles en el Océano Índico al norte de Madagascar.

En este bosque de palmeras prehistórico hay varias rutas buenas de senderismo y a las nueve de la mañana, es extrañamente tranquilo. Aquí florecen plantas que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo. La más famosa es la palmera de coco doble o “Coco de Mer”, que puede ser de casi 30 metros de altura. Los característicos cocos de la palmera son llamados por su apariencia cocos dobles o cocos de amor. Independientemente del nombre, pueden llegar a pesar más de 25 kilos. Así que se trata de mirar hacia arriba. (No vaya a ser que le caigan a uno sobre el coco).

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La vegetación en el Valle de Mai es densa y la luz del sol tiene que luchar para encontrar su camino a través de las hojas y las ramas hasta el terreno donde nosotros nos movemos lentamente a lo largo de los caminos. Es húmedo y hace calor. Ansiosos geckos corren delante de nuestros pies y avistamos “the Black Parrot” – el pájaro nacional negro del estado isleño, que lo pasa bien entre las hojas de las palmeras. Es fácil quedarse largo rato en el parque, pero tenemos más por descubrir.

La historia de las islas Seychelles comenzó hace 160 millones de años, cuando el supercontinente Gondwana empezó a deslizarse de la actual India y fragmentarse de África, Australia y América del Sur. En medio del Océano Índico se liberó una cadena montañosa cuyos picos hoy en día son las 49 islas graníticas de Seychelles. Junto con alrededor de 70 islas de coral, que surgieron mucho más tarde, se formó poco a poco un paraíso tropical con varias de las playas más bellas del mundo, selvas, arrecifes de coral ‘amigables’ para buceadores y flora y fauna únicas.

En los tiempos modernos esta rara mezcla se ha convertido en un exclusivo destino de viaje con alojamientos de lujo para en primer lugar personas con carteras gordas. Pero hay opciones de bajo coste.

Dejamos Vallée de Mai al mediodía y caminamos con nuestras bicicletas de alquiler a lo largo de la pequeña carretera nacional alrededor de Praslin. El objetivo es el Acajou Hotel en la playa kilométrica de la Côte d’Or.

Acajou será nuestra base durante la estancia en Praslin. Aquí cuesta el alojamiento por debajo de las 1 000 coronas suecas por noche para dos personas, y una cena de tres platos con cerveza y vino sale por 200 coronas. 

Francois Bibi, o “Baba” como se le llama comúnmente, opera el centro de buceo Octopus en Anse Volbert  – el más viejo centro de buceo en la isla. Él nos lleva, como únicos turistas de buceo esta tarde, a un buceo fabuloso afuera al Coral Garden, donde tenemos la suerte de contemplar tiburones, murénidos, peces loro y tortugas marinas en cantidades. Además una majestuosa raya a la que respetuosamente acompañamos a distancia.

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A la mañana siguiente tomamos el ferry a La Digue, la cuarta isla más grande del archipiélago – y tal vez la más bonita. En La Digue reina una calma relajada, con varias casas de huéspedes agradables, selvas húmedas y playas fantásticas. Aquí hay ciertamente algún coche que otro, pero en primer lugar pisotea uno adelante su camino a lo largo de caminos polvorientos.

En el pequeño puerto nos encontramos con gente que alquila bicis y jóvenes que ofrecen ‘transporte’ con carros tradicionales tirados por bueyes. Elegimos sin embargo cada uno nuestra bicicleta de montaña y nos largamos a lo largo de la pequeña carretera a la atracción principal de la isla – Anse Source Dargent. Es el tramo de playa más fotografiado del mundo, conocido por su belleza irresistible. Aún así la playa es libre de comercio intrusivo y congestión.

Subimos a los característicos acantilados de granito en la playa y disfrutamos de la vista. Cuando damos luego una vuelta de natación recibimos visita de dos grandes tortugas marinas, que con curiosidad se mueven cerca de la superficie del agua y ocasionalmente salen arriba para respirar. El pequeño restaurante de playa, a un paso del agua, sirve buffet criollo y estamos sentados largo rato y disfrutamos de pargo rojo a la parrilla, ensalada de calamares y pollo con pimienta de chile – enjuagado con la cerveza de barril local Seybrew. No es de extrañar que casi perdemos el ferry de vuelta. [svd.se/]

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