CUBA – donde el tiempo casi ha estado parado

La Habana tiene la apariencia de tener paradas realizadas en diferentes décadas

-Poco, un poco mejor, dice el taxista.

Con dos milímetros de espacio entre el pulgar y el índice muestra cuánto mejor Cuba se ha convertido desde que estuve aquí hace seis años. El taxi rueda lentamente en la mañana templada a través de los barrios de La Habana. El conductor está feliz. Mañana va a ir al extranjero por primera vez en su vida. Él aparenta tener unos 50 años de edad.

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El llegar a la capital de Cuba es siempre una experiencia única. La ciudad no se parece a ninguna otro en la Tierra. Es un lugar que perdió el futuro hace 50 años y que sigue en pie casi inmóvil, un poco en el lado de la era moderna.

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La máquina de tiempo La Habana da la impresión de haber hecho escala en diferentes décadas. En las calles, los famosos coches de la década de 1950 han recibido compañía de taxis Coco amarillos y redondos de los años 70 y bajo las abovedadas arcadas sobre pilares en el Hotel Nacional reina una eterna década de los años 30. Allí crujen las sillas de mimbre apaciblemente mientras los camareros ofrecen a los huéspedes mojitos con tintineantes cubos de hielo, fuerte café cubano y puros cuidadosamente seleccionados.

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La ciudad todavía parece estar saliendo de una guerra. Palacios, cúpulas y ruinas, sofisticación y decadencia. Más fachadas que la última vez que estuve aquí brillan sin embargo recién pintadas. La renovación de los 3 200 edificios más antiguos de la Habana está en curso continuamente y no tiene realmente fecha de expiración.

En la misma esquina de calle que hace seis años encuentro a Yoan, que era mi ayudante y guía cuando escribía reportajes aquí entonces. Las ideas de escapar a EE.UU. las ha puesto en el estante.

Hoy en día está en sus 30, tanto más resignado como más optimista.

Él cuenta que se ha vuelto más fácil abrir ‘casas particulares’, hoteles privados, y ‘paladares’, restaurantes privados. Hay también más tiendas. El impuesto antes era tan alto que no quedaba nada. Ahora la gente puede vivir de su negocio.

-Cuba se abre lentamente. Como un puño cerrado, dice Yoan, y mantiene levantado su puño que lo abre a cinco dedos.

Junto a nosotros discuten dos de los amigos de Yoan animadamente sobre la última lotería ilegal. La esperanza de ganar es más que comprensible. El salario promedio del equivalente a 150 coronas suecas por mes es inconcebiblemente pequeño, aún cuando la asistencia sanitaria, la educación y la vivienda en general es gratuita y barata la electricidad, el teléfono y el transporte.

– Lo llamamos La Lucha, dice Yoan. La lucha de cada día para ‘arrejuntar’ pasta para las necesidades de la vida.

El año 2005 era Fidel Castro todavía jefe del estado de Cuba. Su sucesor, Raúl Castro, se dice que es un pragmático, un poco más suave que su hermano. Prisioneros de conciencia han sido puestos en libertad, movimientos políticos comienzan a tolerarse poco a poco. Se rumorea incluso sobre préstamos bancarios a nuevas compañías (autónomos). Al mismo tiempo son empleados públicos despedidos por miles.

Al día siguiente me tomo un largo paseo por La Habana. Pronto me encuentro con Hector, un hombre que se ofrece a mostrarme los alrededores. Aceptar a un guía auto-designado no siempre es tan malo como suena. Por el equivalente a un billete de cincuenta coronas recibo una vuelta a la verdadera Habana y conozco a gente que no habría conocido de otra manera.

Como Rubén, veterano de guerra adornado con medallas de Angola y respetado en el barrio. Hoy es pescador, cuenta él, activo en el centro de La Habana.

O, como Lisandra. Héctor presenta a ella en un patio oscuro en un edificio de apartamentos en ruinas en el barrio Centro, donde está fregando en la abierta cocina colectiva del edifico. Ella aparenta por lo menos tener 70 años, probablemente más.

-Intenta imaginarte mi vida, dice ella. Aquí estoy yo todos los días. Nunca salgo fuera de las paredes del edificio.

Saco el bloc para anotar, pero soy interrumpido por su cruda risa:

-Excepto por las noches. Entonces salgo a bailar salsa.

Luego me invita a bailar. No tengo, obviamente, ninguna posibilidad de acompañarla en sus ágiles pasos de baile.

El turismo se ha incrementado de manera exponencial en los últimos años en Cuba.

El tiempo en que Cuba podía apoyarse en la compra de azúcar de la Unión Soviética a precios más altos es algo pasado desde hace mucho tiempo. El nuevo azúcar de Cuba es el turismo. Una apuesta gigantesca, con 47 nuevos hoteles de cinco estrellas y muchos nuevos destinos turísticos en los islotes que rodean las costas de Cuba, salvarán la tambaleante economía del país.

Todos bailan, también los camareros. Al final parece que algo pasa con la gravedad misma.

Cada vez más empleados en la industria del turismo reciben ahora acceso a la moneda de los turistas, el calientemente codiciado peso convertible, que da la posibilidad de adquirir bienes de capital en Cuba. Una consecuencia grave es que los médicos altamente calificados y académicos llaman a la deserción para convertirse en guías de turismo y porteros de hoteles, donde en la práctica ganan mucho mejor.

La comunidad cubana puede tener sus problemas, pero la fuerte identidad de la cultura cubana nadie puede alterar.

No es congrí (arroz y frijoles) que es el alimento básico real de los residentes de La Habana – es la música. Es salsa, reggaeton y timba que rebota en la calle de los salones de peluquerías y gimnasios, que viene en destartalados bicitaxis, que se presiona afuera a través de las ventanillas de los coches y puertas rotas de salida a balcones y que flota alrededor entre las paredes de las casas como una nube de humo de puro.

Un viernes por la noche en el sitio de música más popular de La Habana sede de Casa de la Música de Galiano es todo lo mismo. Los ídolos nacionales Los Van Van entran en escena y consiguen un poderoso flujo rodante. Los tres cantantes se alternan el papel principal. El público acompaña el canto en cada frase. Todos bailan, incluso los camareros. […]

Cuba está pasando por una transición. El futuro del país está en la balanza. Mi amigo cubano Ariel se encoge de hombros cuando le pregunto la clásica pregunta: ¿qué pasa cuando muera Fidel? Él responde:

-La cuestión es más bien lo que sucederá cuando muera Raúl.

La respuesta plantea algo obvio. El hecho de que cualquiera que sea la actitud hacia Cuba se debe ir allí y formarse su propia opinión. Y al mismo tiempo, poder ver este singular país antes de que cambie para siempre. [svd.se/]

Kika in i Havanna – staden där tiden står still (Echa un vistazo en La Habana – la ciudad donde el tiempo está ‘quieto parau’)

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