Atrapados en el norte

SPANJOLERS A LA DESESPERADA

  • Huyendo del paro, cientos de españoles emigran a la idealizada Noruega en busca de trabajo

  • Pocos han tenido suerte. Muchos solo han encontrado desempleo, frío y desesperación

  • Esta es su historia; un capítulo más de la gran crisis que afecta a España

  • ”Desde marzo han venido a nuestra casa de acogida 250 españoles’ – Responsable de la fundación Robin Hood

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“Hace tiempo que se me habían acabado todas las ayudas. Mis padres, ya mayores, llevaban varios meses pagando los 540 euros de mi hipoteca. No me salía nada, las expectativas eran muy malas. Recuerdo que estaba en un bar que tenía al fondo la tele puesta. Echaban Españoles en el mundo. Salía un hombre que vivía al norte de Noruega, decía que ganaba 4.000 euros. Se le veía contento al tío. De pronto se tiró al agua de un salto… Y me dije: Paco, allí te tienes que ir”.

Francisco Zamora, de 44 años, de Alcantarilla (Murcia), es un tipo tranquilo. Lleva una bufanda con triple vuelta al cuello para esquivar el frío punzante. Tiene un graduado de electrónica, experiencia en la construcción y en fábricas, llegó a ganar 3.000 euros al mes. Pero hace tres años que todo eso quedó atrás. Como él, cientos de españoles que llevan meses en el paro han emigrado de una España en crisis y han puesto rumbo a uno de los países más ricos del mundo; la elección no podía fallar. Pero una vez allí el mito se les ha quebrado. Sin cualificación o idiomas, les cierran las puertas. Las autoridades no quieren saber nada de ellos. Algunos se han gastado sus ahorros y malviven, durmiendo incluso en la calle. “¿Sabes lo que es buscar en la basura?”, pregunta un catalán que nació en democracia y para quien la palabra emigrar era cosa del pasado.

El pasado agosto, Paco pidió de nuevo dinero prestado a sus padres y compró un billete -de ida- a Bergen. Era la primera vez que salía de España. Llevaba 225 euros en el bolsillo. […]

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Es miércoles por la mañana y en Robin Hood el idioma que domina es el español. Entre 60 y 100 personas pasan por allí a diario. Y la mitad de ellos, dice Marcos Amano, su director, son españoles. La entrada no está bien señalizada para no poner en evidencia a sus usuarios. Hay todo tipo de tés, galletas y fruta pelada. También ordenadores y ropa. En una esquina cogen polvo varias cajas llenas de latas de mostaza de vinagre de Módena que les ha regalado una tienda gourmet. “Antes venían noruegos, polacos, alguna familia de refugiados políticos… pero en marzo empezaron a llegar españoles”, explica Husebo. “Desde ese mes han venido 250. Al principio eran hombres de todas las edades, después llegaron treintañeras solteras. Y luego, padres de familia, algunos con sus hijos. La mayoría no consigue trabajo porque no hablan ni noruego ni inglés”. […]

Jesús Tierno, un catalán de 60 años que lleva cerca de un año en Bergen, lo resume con tino: “Españoles por aquí ha habido siempre. Estudiantes en verano, el clásico aventurero, gente que echaba la temporada, ahorraba sus buenos dineros y vivía de eso el resto del año. Pero en los últimos meses han empezado a llegar los desesperados. Gente de entre 30 y 55 años que necesita un trabajo de verdad”. […]

Para ver a estos españoles solo hay que sentarse en uno de los cómodos sofás de Robin Hood y esperar. Entonces aparece por allí canturreando José Andrés, de 47 años, enjuto, de ojos claros y acento andaluz. […]

¿Y qué va a hacer? “Pues una manta… y a la calle a dormir. ¡Qué voy a hacer!”

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Pasa un rato. Llega Manolo, de 45 años y de Petrer (Alicante), que habla sin parar. […]

Entonces entra Emilio (nombre ficticio), catalán de 35 años. La semana pasada regresó triunfante a Robin Hood tras encontrar trabajo “de lo suyo” (una profesión ligada a la construcción que pide no se mencione) en otra ciudad noruega. […]

A Emilio, que tiene en España una hipoteca de 900 euros que le oprime, se le cayó “el alma a los pies”. “Se pasa fatal. ¿Sabes lo que es buscar en la basura?”, dispara cortante. Emilio no está dispuesto a que se frivolice con su historia.

Un madrileño durmió tres días en las calles de Bergen y tuvo que ser hospitalizado con síntomas de congelación.

La prosperidad noruega y también los programas de Españoles en el mundo (muchos los nombran cuando se les pregunta el porqué de la elección del país; sus tres últimas entregas dedicadas al país han tenido entre 3,5 millones y 2,8 millones de espectadores) han ejercido de canto de sirena para un número creciente de españoles (en la Embajada española, el número de españoles inscritos ha pasado de 358 en 2010 a 513 en 2011, aunque muchos no se registran). […]

Especial impacto causó el caso de Gonzalo, un madrileño de 34 años grandullón y posiblemente con una depresión que llegó a Bergen a principios de diciembre. Al mes se le acabó el dinero y pasó tres noches en la calle. La imagen de Gonzalo sosteniendo una taza de té con las manos hinchadas hasta lo grotesco fue portada de un periódico. […]

“Antes venían por aquí sobre todo polacos, pero de pronto han empezado a llegar españoles. No tienen comida ni trabajo y piden ayuda. Da miedo. Noruega está muy cerca de España, que es nuestro país de vacaciones. Para los refugiados políticos sí tenemos ayudas, pero no para no para quienes vienen de forma voluntaria. Los que trabajamos en esto no estábamos preparados”. […]

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Trude Drevland, la alcaldesa de Bergen, inaugura el evento. Lleva el pelo cardado y luce un grueso collar con el nombre de su ciudad. “Entiendo que desde vuestros problemas en España esto parezca el paraíso terrenal, pero no es tan fácil”, dice más tarde. “Aquí las cosas están reguladas, no estamos obligados a dar ayudas a los españoles. Me da pena verles pasándolo mal en mi preciosa Bergen, pero las cosas hay que prepararlas. No se alcanza el cielo en un día”. Marit Warncke, directora de la Cámara de Comercio e Industria, organizadora del evento, es tajante: “No podemos hacer nada por los españoles sin formación que no hablan ni inglés ni noruego. Es trágico que se gasten sus ahorros en un viaje sin esperanza”. […] [CARMEN PÉREZ LANZAC/sociedad.elpais.com/]

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