Mi marido me acuchilló

Durante un viaje de entrenamiento en México se reúne Alexandra Pascalidou con mujeres ricas, bien educadas con autoestima destrozada y costillas rotas. Ahora están ellas están allí para aprender a dejar de volver la otra mejilla.

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Al otro lado del globo terráqueo, balancea una mujer sobre una pierna. La construcción del atlético cuerpo revela determinación y disciplina. En algún lugar donde el mar se junta con el cielo ve ella algo que yo no veo. Hay algo misterioso en sus movimientos, sus hablantes silencios y su perfecto físico. Cada mañana la veo correr más rápido que el viento en la playa de arena de millas de largo. Corriendo como un animal acosado. No de la forma ridícula que la gente hace jogging alrededor de Djurgården o Järvafältet. Después de tres días en Amansala Bikini Boot Camp me siento a su lado.

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“¿Cómo has obtenido este cuerpo?” pregunto yo y la mujer que se llama Alice cuenta que juega al hockey y fútbol, ​​practica yoga y natación. De ahí el estómago de tabla de lavar y muslos en forma de arco.

Da la impresión de ser una mujer feliz y exitosa entre un montón de otras mujeres felices y exitosas en ropas de gimnasia exclusivas.

“Pero, ¿cómo tienes tiempo?” pregunto más tarde cuando entrenamos ‘kickboxing’ y ella invita a algunos golpes duros como la piedra. “Entre las búsquedas en la escuela”, dice Alice, que tiene cuatro hijos y vive en Alberta, Canadá. Desde que se convirtió en madre, puso la profesión de abogada en el estante. Después de diez años de ausencia ahora tiene que tomar de nuevo examen antes de que pueda empezar a alegar en tribunales. “Pero está bien” (OK), dice como si no hubiera cosas peores que haber dedicado diez años a cuidar de la casa, los niños, y su abogado estrella de marido.

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“Ahora vamos a separarnos”, dice. “¿Por qué?” me pregunto.

“Él golpeó la mierda fuera de mí (leer ‘me dio unas cuantas hostias’). Una vez me pegó y se me cayeron los dientes. Frente a los niños. Entrené en la creencia de que podría defenderme. Pero no funcionó.” dice ella.

Kelly de Tampa en Florida, que ha escuchado la conversación a escondidas se acerca sigilosamente. Ella es guapa, exitosa arquitecta de interiores. Con el dedo en una profunda cicatriz arriba de la rodilla, dice: “Mi marido me acuchilló. Él bebía. Capitán de vuelo en Boeing 747 de Delta Airlines, Un alcohólico violento, con cientos de vidas en sus manos”, dice ella. Los vecinos lo oyeron todo, pero se negaron a testificar en el juicio. Invertí mi vida en decorar nuestra mansión de mierda que ahora he abandonado”, concluye y pronto varias mujeres se han reunido en nuestro pequeño confesonario en una choza de paja en la tropical Tulum, México.

Mujeres fuertes y hermosas de familias ricas y bien educadas que han atestiguado de hombres que han destrozado su auto-estima o costillas y pulverizado su dignidad humana. Mujeres que después de años de lucha se rinden. Ahora están aquí para fortalecer sus cuerpos heridos y almas con la esperanza de que algún día dejen de volver la otra mejilla. [metro.se, edición impresa de hoy bajo el título “Min man stack kniven i mig”]

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