¿Se aplica la ley también a George W. Bush?

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Nadie piensa que George W. Bush pueda ser arrestado en su viaje por Africa. Pero la idea no es tan descabellada como parece.

Hoy día no pueden contar los jefes de estado con escabullirse.

Casi todos los que han podido sentir esta nueva verdad han sido déspotas del tercer mundo. Líderes que han sido considerados como parias pero que antes no se tenía ningún instrumento con los hacerles frente.

Pero que la Corte Penal Internacional en La Haya y otras instituciones similares se utilizarían para detener a ex presidentes estadounidenses o primeros ministros de Europa occidental probablemente no había muchos que lo creyesen. 

El requisito de Amnistía Internacional de que George W. Bush sea arrestado y juzgado por crímenes contra los derechos humanos subraya que ni siquiera el que ha sido el hombre más poderoso del mundo necesite ser inmune a la justicia.

Bush se encuentra actualmente en una gira por Africa, donde visita Etiopía, Tanzania y Zambia para aumentar la conciencia del cáncer de cuello uterino.

Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre dio George W Bush en secreto luz verde al uso de “técnicas intensificadas de interrogatorio”. En esa lista se incluían entre otros el ‘waterboarding’ (ahogo simulado) y la tortura del sueño (privación prolongada del sueño).

Bush confirmó el uso de métodos de interrogación en un discurso en 2006 y en sus memorias que se publicaron en 2010. En una aparición en Grand Rapids en Michigan el año pasado, Bush dijo:

– Sí, utilizamos el ahogo simulado contra Khalid Sheik Muhammed (el hombre detrás de la planificación de los ataques terroristas).

Bush se defiende con que la Casa Blanca consultó a expertos jurídicos que sostuvieron que el ahogo simulado estaba dentro de la ley. Y que el método había revelado ataques y por lo tanto, salvado vidas estadounidenses.

EE.UU., junto con otros 147 países firmaron una convención internacional que prohíbe el uso de la tortura. En el Artículo 1 se define lo que es la tortura.

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“A los efectos de la presente Declaración, se entenderá por tortura todo acto por el cual un funcionario público, u otra persona a instigación suya, inflija intencionalmente a una persona penas o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido o se sospeche que ha cometido, o de intimidar a esa persona o a otras…” 

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Más claro que esto apenas se puede decir. Ya que Bush reconoció que autorizó el ahogo simulado y otros métodos de interrogatorio debería estar la cosa clara como el cristal. Bush debería ser procesado. Y con él el ex vicepresidente Dick Cheney, el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el ex jefe de la CIA George Tenant.

Amnistía no es la única en establecer el requisito. Human Rights Watch y la organización estadounidense Center for Constitutional Rights también lo han hecho.

También han exigido que la administración de Obama debería iniciar una investigación propia contra los ex gobernantes. Obama parece totalmente en contra. Temeroso de que se tomarán represalias en su contra ante las elecciones presidenciales del próximo año.

Que a pesar de las confesiones de Bush y las pruebas que hay en forma de documentos liberados no haya habido ningún procesamiento es una manifestación de que nadie se atreve a tocar esta papa caliente.

Enjuiciar a Saddam Hussein, Slobodan Milosevic o alguna otra figura paria es una cosa. Pero hacer frente a un ex presidente estadounidense es algo muy distinto. Entonces se desafía no sólo a Bush, sino a lo que todavía es la única superpotencia del mundo. De alguna manera, sigue todavía siendo impensable.

Pero hay que recordar que la sensación era igual hace 15 años cuando los responsables de la limpieza étnica en la ex Yugoslavia fueron procesados en el TPIY. La acción fue vista por la mayoría como un marcador, pero al mismo tiempo como una bofetada en el aire. ¿Quién creía en serio que Serbia entregaría a Milosevic?

Pero maravilla por encima de todas las maravillas. De repente se encontraba Milosevic en su celda en La Haya. En su pista han sido obligados a La Haya casi todos los acusados ​​de las guerras balcánicas .

Después de eso ha ocurrido lo mismo a los responsables de genocidio en Ruanda. Charela Taylor de Liberia terminó en La Haya por sus crímenes de guerra. El otro día se encontraba el ex líder de Costa de Marfil, Laurent Gbagboa, en el centro de detención de Scheveningen.

La probabilidad de que el cowboy de Texas un día vaya a sentarse en una de las celdas es baja. Pero para que la credibilidad de los tribunales de guerra vaya a mantenerse no puede ser de forma que los líderes occidentales sean de algún modo inmunes al mismo tiempo que normas más estrictas se aplican al resto de la guarnición de líderes del mundo.

La seguridad jurídica exige que sea el delito el que determine quién deba ser procesado. No quién es la persona. [blogg.aftonbladet.se]

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