Importación de esposas – una forma de exclavitud

Suecos ponen relaciones con tailandesas en sistema

manifestation mot kvinnovåldNORTE DE SUECIA /Upplands Väsby. Phacharee, 45, mira fijamente a la mesa.

El personal del ministerio de inmigración se ve obligado a repetir su pregunta:

– ¿Entiendes que él no quiere tenerte más?

Poco a poco cae en la cuenta de la pesadilla en la que ha ido a parar.

Después de casi dos años en Suecia creía Phacharee que la visita al ministerio de inmigración (Migrationsverket) iba a tratar de un permiso de residencia permanente.

El período de prueba del permiso temporal que recibió cuando llegó a Suecia está a punto de terminar.

Pero el hombre sueco con el que ella está casada, por el que ella abandonó Tailandia, ha dicho lo suyo al ministerio de inmigración.

Él ya no quiere tenerla más (no quiere saber más de ella).

– Me quedé en estado de shock, y triste. No sé por qué él no me quiere tener más, dice ella cuando nos encontramos en una ciudad en el norte de Suecia.

Después de la reunión en inmigración, trató de obtener respuesta. Él dijo que no quería ayudarla más.

– Al principio fue diferente. Cuando llegamos a Suecia, me compró una jersey. Pero luego me dijo que tengo que empezar a ahorrar dinero y comprar por mí misma.

“Soy como una sirvienta”

Con el tiempo comenzó su marido a establecer reglas en el hogar. Si Phacharee quería salir, tenía que pedirle permiso.

Ella podía comer sólo después de que el hombre hubiese comido.

-Él escuende la comida. Levanta la voz, grita y dice palabrotas.

Se conocieron en Tailandia cuando él se encontraba de visita, cuenta ella. Antes de eso habían chateado en internet. Se enamoraron. Él pagaba por ella cuando comían fuera, iban al cine, la mimaba. Viajaban juntos.

– Me puse feliz por él, dice ella.

Después de dos años en Suecia, todo está cambiado.

Yo soy como una criada para él. No me siento como una esposa.

Vilai, que está en otra parte diferente de Suecia, reconoce la historia de Phacharee.

Ella conoció a un hombre cuando llegó a Suecia con una visa de turista para cuidar del hijo de un pariente durante algún tiempo.

La relación se desarrolló rápidamente. Comenzó a decidir – Vilai comenzó a obedecer.

Pronto descubrió ella las mentiras.

– Dijo que había estado casado con una mujer tailandesa antes. Pero luego encontré cartas y fotos. Resultó que yo era la séptima mujer tailandesa con la que él estaba.

La vergüenza de que la vida en Suecia no había resultado como ella esperaba hizo que ella eligió tratar de aguantar – a veces también con maltratos.

– Él me empujaba, me tiraba cosas a mí. Después siempre pedía disculpas.

Pasaron 15 años antes de que ella se separó de él.

Cada vez más mujeres tailandesas vienen a Suecia con un hombre sueco.

Ellas están sobrerrepresentadas en las estadísticas del ministerio de inmigración sobre las que obtienen permiso de residencia temporal por establecimiento de nueva relación.

tailandia

Sólo en lo que va del año ya son 1 441.

“Ellas han invertido todo”

Muchos hombres ponen las relaciones en sistema, y dejan a las mujeres a tiempo cuando es hora de un permiso de residencia permanente, cuentan Carina Díaz y Utaiwan Nasai, que trabajan en el centro de emergencia para mujeres (Kvinnojouren) en Luleå.

El fenómeno se llama ‘importación de esposas’

– Es una forma moderna de esclavitud, dice Carina Díaz.

A su centro de emergencia mujeres se dirigieron 43 mujeres tailandesas el año pasado. Es casi una por semana. Hablamos con ellas porque el centro de emergencia para mujeres en Luleå se ha hecho conocido por trabajar duro sobre la situación de las mujeres tailandesas, pero ninguna de ellas cree que la importación de esposas es un fenómeno típico de justo el norte de Suecia.

– Pero se ve quizás extra aquí, en los pequeños pueblos, dice Carina Díaz.

Ella continúa:

– Las que vienen a nosotros lo hacen a menudo cuando han descubierto la normativa de los dos años y están preocupadas. Los hombres conocen la normativa, pero nunca las mujeres.

Justo la normativa de que la relación debe prevalecer dos años para obtener un permiso de residencia permanente hace que muchas mujeres se queden y aguanten en relaciones fracasadas.

– Han apostrado por venir aquí. Muchas de ellas no pueden hablar el idioma y no tienen trabajo. Son totalmente dependientes de su marido sueco. Entonces puede él controlarlas con amenazas, dice Utaiwan Nasai.

El ministro de inmigración Tobias Billström (M) después de varios reportes alarmantes puso en marcha una investigación sobre el cambio de la regla de dos años, pero hasta ahora nada ha cambiado.

El problema es tan expandido que la Embajada de Tailandia en Suecia ya en 2007 pudo en marcha una línea teléfonica y una red para los muchos ciudadanos tailandeses que se encuentran actualmente en Suecia.

Casi el 80 por ciento de las personas que llaman son mujeres. Algunas necesitan saber a qué autoridad dirigirse si tienen problemas, otras cuentan que ha sido maltratadas. Pero sólo podemos darles consejos, dice el empleado de la embajada de Tailandia, Thanawat Vesanto.

Pero la red también ha traído consigo los ejemplos felices.

Como María Wu Johansson, 45, de Bangkok, que conoció a Anders en 1997 y ha vivido en Suecia desde entonces. Ella cree que la relación ha funcionado porque no se mudó a Suecia para una vida mejor, sino por amor.

– Pero fue duro venir aquí. El lenguaje era difícil de aprender, y la comida – vosotros no tenéis ninguna verdura. Y hace frío y es oscuro en invierno, 60 grados de diferencia con Tailandia.

La amiga Thanya Nielsen, 40, dice que muchos la toman por una “chica del bar”, como ella llama a las mujeres pobres que han dejado sus aldeas y conocido hombres suecos en ciudades turísticas.

– Mucha gente cree que hemos venido aquí porque éramos pobres y queríamos obtener una vida mejor. Pero yo no habría venido aquí si no fuese por el amor a Thomas.

Cuando otros celebran la Navidad espera Phacharee en el norte de Suecia la respuesta sobre su futuro.

– Yo vivo constantemente al borde. Si no hago como él quiere mi marido me tirará fuera.

Ella no cree que podrá permanecer en Suecia. Si la relación no prevalece, no tiene el ministerio de inmigración ningún motivo para darle una residencia permanente, como el marco regulatorio aparenta hoy en día.

¿Cómo se sentiría el regresar?

– Todo el mundo hablará de mí. Todo lo que se planeó aquí fue destruido. Me da vergüenza. [aftonbladet.se]

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