Ciudad fantasma de Seseña Nuevo

Arroyomolinos, España: ciudades fantasma como ésta quiebran a España y posiblemente a Europa.

Héctor Ferreiro vive en la ciudad fantasma de Seseña Nuevo.

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La historia de la crisis española puede comenzar con una imagen que representa a un pueblo fantasma de nueva construcción, Seseña Nuevo, donde amplios bulevares se encuentran trágicamente vacíos, donde montones de pasos de peatones – iba a ser una zona ideal para familias – carecen de peatones, y donde los columpios del parque de juegos están sin usar.

También puede ser una foto de dos chicas jóvenes que van por un carretera que no conduce a ningún sitio.

O ¿por qué no el político local socialdemócrata Juan Carlos García, que posa ante el esqueleto de una casa en su ciudad natal Arroyomolinos. ¿Qué es lo que dije! puede chillar en la desolación, ya en 2006 advirtió él en el ayuntamiento de la ciudad de que España experimentaba una burbuja inmobiliaria peligrosa.

Nadie escuchaba, porque nadie escucha la advertencia cuando el costo de préstamos va hacia abajo y todo lo demás va hacia arriba. El mismo Juan Carlos había hecho un jugoso beneficio. Se compró un piso de 56 metros cuadrados el año 2000 por el equivalente a algo más de 100 000 euros. El año 2006, tras la llegada del euro, lo vendió por 241 000.

A diferencia de la mayoría de los otros se dio cuenta de que tal desarrollo no era sostenible.

– El boom inmobiliario comenzó porque los bancos daban créditos baratos. No sólo aquellos que necesitaban un hogar compraban. A la gente se le metió en la cabeza que necesitaban un segundo hogar, y un tercero, y que ellos podrían en cualquier momento venderlos con beneficio.

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Alrededor de Arroyomolinos se encuentran tierras que pertenecieron al antiguo dictador fascista Francisco Franco. Él solía venir aquí a cazar liebres. Los familiares de Franco vendieron las tierras. El municipio dio los permisos de construcción, las compañías constructoras se apretaban en los áridos campos para construir villas, casas adosadas, viviendas multifamiliares, bajas, altas, anchas y estrechas.

Nos sentamos en un café y hablamos. A veces se ahoga la voz de Juan Carlos debido a una máquina de café rugiente. Entiendo que él ha denunciado a la policía al alcalde. Juan Carlos sugiere corrupción y juego sucio, y es posible que tenga razón.

Por otro lado no se necesita delincuencia para derrocar un municipio y un país a la desgracia. Basta con codicia y mal juicio a la antigua.

España vivió hasta el año 2007 una “década dorada”. Fuerte crecimiento, desempleo fuertemente en caída. ¿Quién quiere cuestionar tal éxito?

Desafortunadamente el crecimiento se basaba en un auge de la construcción y las obras de construcción eran posibles gracias a préstamos baratos en euros. No sólo particulares se pasaron en las compras. Municipios construyeron grandes edificios municipales, gobiernos regionales inviertieron en aeropuertos, todo el mundo quería tener tren de alta velocidad, y naturalmente debería la nación tener nuevas autopistas en todas partes. (Vamos unas diez millas -100 km- en la carretera de peaje de Arroyomolinos a la ciudad fantasma de Seseña Nuevo y nos encontramos con un máximo de diez coches. Por nuestro carril, no veo a ninguno.)

El 2010 fue sólo China que había planeado más extremadamente caros trenes de alta velocidad que España.

Además de Juan Carlos entrevisto a dos personas durante nuestro viaje por el desolado campo económico. Una de ellas es Irene García (no pariente de Juan Carlos). Ella está sentada con su bebé Álvaro en un banco y mira hacia el valle donde hay casas vacías, y a la próxima colina donde también hay casas vacías.

Irene trabajaba anteriormente en una empresa de construcción. Ella perdió el trabajo hace un año.

El otro con quien hablo es Héctor Ferreiro. También él anda fuera con una silla de paseo, el niño se llama Xoel, atascado en la ciudad fantasma de Seseña Nuevo. Héctor es trabajador de carreteras y fue despedido hace un mes.

– El encargado dijo que el dinero del gobierno se había agotado. Tuvimos que irnos a casa.

Es una coincidencia que me encuentro con dos que han trabajado en el sector de la construcción. Pero no es una coincidencia que estén en el paro.

Héctor y su esposa se apretujan con unos otros pocos en un rincón de la ciudad fantasma, que está programada para 40 000 habitantes. En toda España hay 700.000 pisos de nueva construcción y casas en las que nadie ha vivido.

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Nos encontramos en la acera vacía, junto a la carretera vacía, junto a todo un barrio de edificios de siete plantas que están cerrados, y estamos cerca del abandonado, cerrado parque.

Es tan triste que corta en el cuerpo. Aún más sombrío se vuele cuando Héctor dice que compró el piso hace dos años. Aprovechó la oportunidad cuando estaba barato, pensó, y pidió prestado 150 000 euros en el banco.

Ahora tiene 1 100 euros al mes de subsidio de desempleo. Su esposa es vendedora de teléfonos y gana alrededor de 1 000.

– Amortizamos 550 al mes.

Héctor quiere aún así ver positivamente la vida.

– El municipio ha comenzado a limpiar las calles, dice. Es bueno. Anteriormente era sólo un hombre que iba por aquí y barría. [bloggar.aftonbladet.se]

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