Calor y frío en la Patagonia

Glaciares que se encogen, amplias llanuras y altas montañas. La Patagonia es una de las regiones más míticas del mundo – y el destino turístico en crecimiento más rápido del mundo.

Después de los informes sobre cambio climático el turismo internacional al sur de Argentina ha aumentado en un 400 por ciento.

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– Todo el mundo habla sobre el deshielo de los glaciares. Por supuesto que uno quiere verlo ‘de verdad’, afirma Martin Müller de Hamburgo.

Él ha viajado aquí con su esposa Connie.

Ella corrige la cinta del pelo para que el viento no lleve su pelo a soplar en la cara.

– La semana pasada caminamos por los Andes. Ahora vamos a ver los glaciares, dice Connie, y da la espalda al viento.

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El barco se acerca a la bahía, donde los mayores glaciares de la Patagonia se encuentran. Se llama Glaciar Upsala [mapa], y lleva el nombre de la universidad sueca (Uppsala) que fue la primera institución que financió una expedición científica a la zona. En 1908 llegó el investigador sueco Percy Quensel y se convirtió en el primer científico en llegar al glaciar de diez kilómetros de ancho. Hoy el glaciar Upsala es el más afectado por los cambios climáticos. En 12 años se ha encogido 9 kilómetros.

– Uno no puede creer que sea verdad. ¿Qué vida es la que vivimos, dice Connie y observa las montañas de hielo en la bahía.

Se vuelven más y más. El capitán debe disminuir la velocidad. Navegamos entre las montañas de hielo que han obtenido formas surrealistas en el calor. También el color se siente raro. La luz solar hace que el hielo se ilumine de color azul. El hielo se ve como pastillas Vicks Blue en estado líquido. Después de media hora de navegar con cuidado vemos las paredes del glaciar blanco que caen abruptamente hacia abajo al lago. El borde es de 80 metros de altura. Con el fin de evitar el oleaje se sitúa el barco a una distancia de seguridad de 300 metros.

– ¡Vaya! Es mucho más grande en la realidad, dice Jasmine Martin de Australia.

Su marido no le escucha. Él está filmando. Al igual que muchos otros turistas, está encerrado en el pensamiento de capturar el momento en que un bloque de hielo se desprenda y caiga al lago.

Sólo cuando el barco ha permanecido inmóvil durante 15 minutos se da por vencido.

– Sí, sí.  Po lo menos hemos estado aquí, dice Paul Martin, y apaga la cámara.

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El barco navega fuera y conduce a una bahía libre de hielo donde se ha incrementado el nivel del agua debido al cambio climático. Tres jeeps son conducidos a la playa de piedras. Nos ayudamos a bajar a tierra. Aquí al otro lado del Glaciar Upsala está ubicada la Estancia Cristina, una granja de ovejas cerrada que era llevada por la familia Masters de Inglatterra. Hace diez años murió el último heredero y el gobierno argentino se hizo cargo. Hoy se arrienda la granja de ovejas a una compañía de inversión de Buenos Aires que ha renovado de lujo la granja.

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Se centran en lo que se ha convertido en la última moda en la Patagonia – vivir/alojarse en una granja de ovejas exclusiva.

– Lo que hizo que yo ‘encendiera’ fue la idea de despertar aquí. En medio de la nada. Con montañas, llanuras y el aire fresco, dice Paul Martin, de Sydney.

La escasamente poblada Patagonia es una de las regiones más mitológicas del mundo. Cuando los inmigrantes llegaron a principios de los años 1900 la zona era zona sin ley. Británicos, croatas, alemanes, italianos, galeses y escoceses compraron tierras y un lugar escondido. Dado que las llanuras eran enormes, había espacio incluso para los más buscados. El ‘trío bancario’ estadounidense compuesto por Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place huyó en 1903 y ‘cambiaron de oficio’ a granjeros de ovejas.

Fue ‘así asau’.

Butch Cassidy, Etta Place and the Sundance Kid in Cholila, ArgentinaButch-Cassidy-and-the-Sundance-Kid

Después de cinco años asoló el trío de nuevo alrededor y robaron bancos en las remotas ciudades costeras.

Cuando Bruce Chatwin escribió su clásico In Patagonia  buscó su casa a la vera de la carretera. Llamó a la puerta y encontró a una pareja de indios pobres que se quejaron de que corría aire en la casa de troncos. Pasaban frío en invierno. Según el libro debe estar la casa cerca del pueblo de Cholila, en el carretera mágica Ruta 40, el equivalente argentino a la Route 66.

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Conducimos adentro a un garaje en mal estado. La roñosa placa de la ciudad se ha soltado. Alguien la ha apoyado contra un poste.

– ¡Ah, la casa de los yanquis. Se encuentra a tres kilómetros en esa dirección. Pero allá ya no vive nadie, dice un hombre que está reparando su jeep.

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La hierba en la zona de pastoreo es de medio metro de altura. Un pequeño sendero serpentea adelante. La casa está construida junto a un arroyo balbuceante. Alguien ha colocado un cráneo de un gran escarabajo con cuernos gruesos en la parte superior de la puerta de entrada de la valla. Se ve amenazante. Algunas tablas han sido reemplazadas, por lo demás está la casa intacta. Fue más o menos así que los detectives de Pinkerton encontraron la casa cuando llegaron de Estados Unidos y creían que habían capturado al famoso trío de ladrones de bancos. Pero Cassidy, Sundance Kid y Etta ya se habían largado fuera a por nuevas aventuras. 

Hoy la pequeña granja de ganado ha pasado a ser propiedad municipal. El alcalde de Cholila quiere hacer de la casa en un museo, pero nadie sabe quién va a pagar por la iniciativa. Mientras tanto, el mito vive sobre el trío. Cassidy se dice que la palmó unos años más tarde en un robo de una mina de plata en Bolivia. Sundance Kid logró supuestamente escapar, probablemente a Uruguay y Etta Place regresó bajo nombre falso a Estados Unidos.

Vago por el terreno de la granja. Alguien ha dejado que sus caballos pasten en la fresca hierba. En el arroyo se juntan las ovejas del vecino.

– Se les había metido en la cabeza pasar las ovejas al otro lado de los Andes. De Chile irían a vender y transportar las ovejas a Estados Unidos. Pero está claro que no fue posible. Ellos no tenían la paciencia, dice el granjero de ovejas Luciano Morelli.

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El centro turístico más famoso de la Patagonia es San Carlos de Bariloche. Se encuentra en los lagos que forman la frontera entre Argentina y Chile. Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó se convirtió el pueblo un lugar popular de escapada para los nazis. Aquí había casas de troncos al estilo alpino junto a lagos de aguas transparentes. Al fondo se veían picos nevados que sobresalían de la espesura del bosque verde. El clima y los alrededores hicieron que los oficiales alemanes se sintiesen como en casa.

El médico nazi Aribert Heim, también conocido como Doctor Muerte“, se dice que vive en algún lugar del valle, con 94 años de edad. Hace dos años detuvo la policía fronteriza argentina a su hija que vive en la ciudad chilena de Puerto Montt al otro lado de las montañas. Se preguntaron por qué había empezado a viajar a través de la frontera. Su padre se había enfermado?

Hoy son los inversionistas extranjeros los que han abierto los ojos sobre la zona. Cuando el peso argentino se devaluó después del reciente colapso económico, la Navidad de 2001, se precipitaron celebridades mundiales a comprar cada uno su granja de ensueño aquí. Los actores Sylvester Stallone, Christopher Lambert, el propietario de la CNN Ted Turner y el diseñador de moda italiano Luciano Benetton son hoy los más grandes propietarios privados de tierras en la Patagonia. Los indios mapuches protestan y sostienen que es su tierra la que se ha vendido.

Brasileños ricos de la bulliciosa metrópolis de São Paulo también son clientes asiduos. Huyen de los atascos de tráfico y los gases de escape para por unos días llenar los pulmones con aire alpino y disfrutar de los espacios abiertos.

Aquí se disfruta de barbacoa de cordero, Malbec del distrito de Mendoza y chocolates caseros. La popular tienda Mamuschka vende sus cientos de variantes de chocolate a granel.

Hay que sacar número de cola.

– Esta es la Suiza de América del Sur, se ríe un brasileño en la cola.

El último imán turístico de la Patagonia es El Calafate, donde se extienden los 47 glaciares marcados como patromonio de la humanidad. Hace diez años, eran sólo turistas de actividades al aire libre y científicos que necesitaban hacer prácticas antes de expediciones antárticas los que venían aquí al fin del mundo. Hoy día los aldeanos alquilan sus habitaciones para poder recibir a los turistas. El turismo glaciar ha hecho que en la actualidad haya 7.000 camas de hotel en una ciudad que sólo hace unos años tenía 6 000 habitantes.

La mayor atracción es el glaciar Perito Moreno. Es más fácil llegar aquí que el Glaciar Upsala. Basta con subir a un autobús que te lleva hasta el mirador. Sólo a cien metros de distancia se extiende la impresionante pared del glaciar. Cada día ‘se hace el hielo un metro adelante’ y hace al glaciar excretar bloques de hielo al lago.

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– ¡Del todo increíble! Nunca pensé que lo vería en la realidad, dice una coreana y se fotografía a sí misma con el Perito Moreno al fondo.

La única pregunta que los turistas no se preguntan es cómo sus propias emisiones de dióxido de carbono afectan a los glaciares. Cuando volvemos a casa nos encontramos con alguna pareja estadounidenses en el recién construido aeropuerto.

– Sabemos que en realidad no es bueno volar recorrido tan largo hasta aquí. Pero qué vamos a hacer. Toda esta charla sobre el calentamiento global nos atrajo. Queríamos ver los glaciares. Ahora vamos a respetar el medio ambiente el resto de nuestras vidas, se ríe Linda Clough mientras espera el avión de regreso a California. [gp.se]

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