Amar a su padre nazi

La reina Silvia es una de las personas que se desgastan entre la renuncia y el amor a un pariente nazi. No debemos olvidar el dolor de estas tragedias familiares, sostiene el realizador de documentales Gregor Nowinski.

La razón al texto que sigue abajo es una formulación del artículo de cabecera de DN 7/12 titulado ”Det börjar brännas” (“Empieza a quemar”). Cito: “En lo que respecta a la casa real fantasmea la revelación del canal TV4 sobre los antecedentes nazis de la familia de la reina, que se han ocultado todos estos años …”

Sylvia med Walter SILVIA SOMMERLATH

Yo mismo soy creador y productor de la serie de TV4 “Bernadotte” que se emitió en seis partes en la primavera de 2010. En el capítulo “La reina” (“Drottningen”) contaba la reina Silvia por primera vez públicamente sobre la pertenencia de su padre al partido nazi. No fue pues revelado por el programa “Kalla fakta” (Hechos fríos”) de TV4, sino que me contó a mí la misma reina y por su propia voluntad. Ella pudo muy bien haberse negado a hablar de ello. Era libre de hacerlo.

Fue el texto del periódico Dagens Nyheter que me hizo sacar un texto del cajón del armario que escribí después de ver “Kalla fakta” sobre Walther Sommerlath hace un año. No estaba seguro de si lo había escrito sólo para mí o para publicarlo en algún periódico. Ahora me he decidido publicar mis pensamientos. Esto es lo que escribí.

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Durante la grabación de la serie de TV4 “Bernadotte” le pregunté la princesa heredera Victoria cómo ella veía en la monarquía sueca. La princesa heredera contó sobre la necesidad de un símbolo unificador, de la necesidad de algo que sea permanente y que pueda “unir pasado, presente y futuro”.

El papel de la casa real y de la familia real – asumiendo las palabras de la princesa de la corona – también se puede interpretar como una manifestación física de lo que representa. Aquí nos acercamos a la definición de por ejemplo un icono. O una marca. Un icono y una marca son un tipo de señal. Una marca que se basa en seres humanos corre riesgo de dañarse cuando sus imperfecciones se hacen visibles. Cuando un “escándalo” se produce podemos oscilar entre apreciar su “lado humano” y puras condenas. Nuestras actitudes también varían también fuertemente dependiendo del espíritu de la época. De lo que nos reíamos con actitud de reconocimiento y perdón en los años setenta, podemos condenarlo en nuestro tiempo de nueva moral. 

La marca no lo pasa bien pues con personas humanas como material. Hace dos mil años escribió Cicerón en “Academica“: “Estoy lleno de grietas – se filtra tanto por aquí como por allá!” Es mucho más fácil con una botella de Coca-Cola.

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En la segunda parte de la serie Bernadotte, titulada “Drottningen Silvia” (La reina Silvia) entrevisté a la reina que entonces por primera vez públicamente y de manera voluntaria contó que su padre Walther Sommerlath se unió al partido nacional socialista en 1934. La reina también negó que la fábrica de su padre en Berlín fabricara material de guerra. También dio su punto de vista sobre la vida familiar durante los años de guerra y en un intento de defender a su padre se le ocurrió describir al poder nazi como “una máquinaria”. La elección de la palabra de la reina iría a despertar un montón de críticas. Nuestra conversación se llevó a cabo en el castillo de Drottningholm, el 14 de enero de 2010.

Un año más tarde vino “Kalla fakta” con las revelaciones acerca de Walther Sommerlath. En contra de una buena práctica periodística, sin mi conocimiento y mi consentimiento, me sorprendió el jefe de hechos de TV4 a mí con un correo electrónico con un secamente corto sobre que “Kalla fakta” dos días después (!) iría a retransmitir partes más largas de mi entrevista con la reina. Esto fue una falta de respeto a un empleado que ha dedicado cuatro años de ardua tarea en la serie Bernadotte que luego atrajo audiencia millonaria.

Seguí con atención los tres reportajes de “Kalla fakta” sobre Walther Sommerlath y medité mucho. También porque tengo una larga experiencia, una gran cantidad de conocimientos sobre el tema, y ​​muchas películas sobre crímenes nazis y comunistas en el equipaje.

Una de ellas – “I nazismens spår” (“Tras las huellas de los nazis”) – ganó un premio Emmy en 1993. La película tiene en la versión de exportación otro título – se llama “Sorrow – The Nazi Legacy”.

Creo que la palabra “dolor” aporta algo relevante a la discusión sobre los delitos nazis – un dolor sobre lo que las personas humanas han sido declaradas culpables. Aquí estaba toda la gama, desde el patriotismo distorsionado, nacionalismo, puro oportunismo y estrategias de supervivencia a crímenes contra la humanidad. Ese dolor ha traumatizado también a la segunda generación de alemanes, una generación que rara vez o nunca han oído hablar a sus padres hablar de sus acciones. Que regularmente han sentido un conflicto entre ser una hija/hijo fiel o de distanciarse de lo que sus padres o madres han hecho/hicieron.

He conocido a muchas de estas personas. Podría tratarse de hijos de los delincuentes de guerra, como Martin Pollack, hijo de un oficial de las SS manchado de sangre. Martin es un respetado periodista e historiador. Él ha trabajado constantemente sobre la historia de su familia, con raíces en la burguesía nacionalista austríaca. Sin embargo es consciente del amor que él ha recibido de estas personas. Especialmente de su abuela – una nazi dedicada hasta el final, hasta bien entrado el período de posguerra. Este amor tierno de la abuela aún persiste en él.

El proceso de acuerdo nacional con el nazismo que ha tenido lugar en Alemania después de la guerra se puso en marcha bastante tarde, en la década de 1970, después de que Silvia Sommerlath como mujer joven conoció a su príncipe y se convirtió en reina de Suecia. Ella fue de alguna manera ‘extraída’ de su contexto alemán, y dedicó su tiempo a aprender a ser reina de Suecia. Lo ha informado ampliamente en la serie Bernadotte.

Yo discutí los programas de “Kalla fakta” – sobre Walther Sommerlath con un joven historiador alemán. Dijo entre otros:

“No es justo que la reina sea responsable de las acciones de su padre. Nosotros los alemanes, 70 años después de la guerra, no tenemos ninguna culpa de lo que hicieron, pero tenemos sin embargo una responsabilidad especial. Debemos manejar y dar testimonio de todas las injusticias de este tiempo y finalmente asegurarnos de que nunca vuelva a ocurrir.”

Se necesita mucho coraje para volver a examinar su propia historia y forzar barreras emocionales. Pero no se hace bajo presión inquisitorial de los medios de comunicación.

Termina el artículo con unas líneas de Virginia Woolf, “Al faro“. [dn.se]

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