Rey sueco lleva a Suecia a la Edad Media

Su Vergüenza El Rey en Arabia Saudita

El 23 de septiembre mantuvo el primer ministro Fredrik Reinfeldt un discurso ante la ONU, sobre la igualdad de género. Habló de las mujeres que “se les niega el derecho a votar, heredar, trabajar, incluso a conducir”. No hay duda de a qué país se refería: Arabia Saudita.

Reinfeldt también habló de la primavera árabe: “Este año hemos sido testigos de cómo los pueblos valientes del norte de África y el Medio Oriente han salido a las calles para luchar por sus sueños. Para luchar por la libertad, apertura y democracia. Por esto deben obtener nuestro apoyo.” Dijo que “Suecia aspira a desempeñar un papel en esta etapa crucial en la región”, de forma que podamos “ver la primavera árabe convertirse en verano exuberante.”

KUNGEN SILVIA

Nueve días después cuelga Carl XVI Gustaf una medalla en el cuello del rey Abdullah. ¿Se debe interpretar que esto significa que el rey saudí, en todo secreto, ha introducido verano brillante democrático e igualdad durante la última semana?

No. Arabia Saudita es una dictadura cruel, donde los derechos políticos en principio faltan. Las mujeres apenas tienen ningunos derechos. Aquí puede una mujer violada por un grupo ser condenada a 100 latigazos y un año de prisión, porque ella ha tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio y tratado de hacer aborto. Las mujeres están bajo la tutela de sus familiares varones, no pueden educarse, no pueden buscar trabajo, abrir una cuenta bancaria, ir al médico o viajar al extranjero sin permiso de un tutor. No pueden conducir coche, ni siquiera con la autorización del tutor.

KUNGEN

El rey Abdullah es de ninguna manera el más importante ‘hombre oscuro’ del país – él ha dicho recientemente que las mujeres obtendrán influencia política limitada en 2014 – pero sigue a la cabeza de una familia real que vive en absoluta armonía con la élite religiosa ultra conservadora. Las dos esferas de poder se legitiman  la una a la otra y juntas crean un represivo ‘caldero hervidero’ y corrupto.

La primavera árabe ha obligado a países occidentales a pedir disculpas por haber durante décadas abrazado a déspotas por motivos políticos reales, detrás del alibí “nos reunimos con ellos para inspirar a la democracia”. Nadie ha recibido más abrazos que el rey de Arabia Saudita. Esto debido al petróleo y porque Arabia Saudita es un peón útil en la política mundial, por ejemplo en la lucha contra Irán.

Cuando Fredrik Reinfeldt ahora dice que no “está en su papel” el “tener puntos de vista” sobre qué medallas dispersa el rey sueco en torno a él cuando visita a dictadores, suena como si el primer ministro, en primer lugar, habla vestido con un gorro de dormir enmohecido, en segundo lugar, nada ha aprendido.

Ahora es el momento de presionar a los déspotas, no de alabarlos. El hacer eso es sonarse la nariz en las banderolas de luchadores por la libertad árabes. Y que Reinfeldt además sugiere que la visita del rey beneficia la lucha por los derechos de las mujeres de Arabia Saudita: ¡Qué vergüenza!

El rey, entonces? Se podría decir que uno se sorprende. Pero no se está sorprendido. Sus actuaciones, de Brunei a los ‘tours escándalo’ del último año, han demostrado que su juicio es cero patatero. Debemos no obstante en parte culparnos a nosotros mismos, cuando tenemos una familia real.

No deberíamos tenerla. [expressen.se]

Flogging_Cane

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