La cara oculta del autocaravanismo

Hace ya muchos años me encontraba yo en un camping en Gotemburgo. Se acercaba el invierno y yo y la ‘echecoandre’ decidimos pasar un par de semanas en un camping en tienda de campaña. Una noche la pasamos canutas por culpa de la lluvia, viento y rayos y truenos. Tuvimos que meternos al coche a dormir. Cuando despertamos, la tienda (que era bastante grande) había volado de la parcela a unos 30 metros de donde estaba la noche anterior. Fue una experiencia que nos hizo conscientes de la importancia del tamaño y material de las piquetas de sujeción…

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Otra experiencia fue la que nos contó una alemana que vivía en una caravana en el camping y que sabía mucho del tema de caravanas y autocaravanas.  Entre otras cosas interesantes nos contó sobre lo que le había pasado a un matrimonio sueco que también vivía en caravana en el camping. Llamaba a los suecos por ‘los suecos ricos’. Tenían una caravana Kabe muy larga. Casi la más larga de las caravanas Kabe. Su caravana costó no lejos del millón de coronas.

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La caravana en la que la alemana vivía era una Opio. Recuerdo que me impresionó el que pareciese la caravana mucho mayor por dentro que por fuera.

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Nos contó lo que les había ocurrido.

Cada año ‘bajaban’ a España (Málaga) con la ‘supercaravana’. Habían vendido la vivienda y ‘tenían todo lo que poseían’ en la caravana, según me contó la sueca después, cuando hablé con ella. Una vez en una gasolinera en una ‘autobahn’ alemana estaban llenando el depósito de gasolina y se fue el marido a pagar mientras ella esperaba en el coche. Le aparecieron dos tipos extranjeros que se enrollaron con ella y antes de que se diera cuenta y de que el marido volviera al coche había desaparecido su bolso con todas las tarjetas de crédito, pasta, pasaporte, etc., etc. Los tipos también habían desaparecido.

Esto naturalmente significó que las vacaciones de ese año se habían jodido por completo. Acostumbraban ir a Málaga de más o menos septiembre a finales de marzo y volver al camping de Gotemburgo para pasar el resto del año. Bueno, pues después de lo ocurrido cambiaron de rutinas y tenían toda la ruta planeada de otra manera, me dijo. Antes dormían en la caravana en gasolineras las tres o cuatro noches hasta llegar a Málaga. Desde entonces, iban ‘de camping a camping’ a pasar las noches, para dormir tranquilos. Y estaban buscando ‘intensivamente’ una otra solución a su problema, que según me contó el matrimonio sueco, consistía en: dejar la ‘supercaravana’ en el camping de Gotemburgo, que era seguro, y coger un avión a Málaga y alquilar un piso allí para pasar los seis meses en España. Pero tenían el problema –según me contaba- que los alquileres de pisos en Málaga eran muy caros. En el camping de Málaga pagaban cerca de 400 euros mensuales en la temporada de invierno. Y los alquileres de pisos en Málaga costaban bastante más que esa cantidad…

Lo mismo, aunque en otra dimensión, hemos experimentado nosotros en cada viaje a España. Al bajar, sobre todo si es en los meses julio-agosto, hay que dormir con cuatro ojos en las gasolineras de las autopistas pues los mangantes saben que ‘las carteras están llenitas’. Al subir hay que dormir con ocho ojos, ya que los que se dedican a robar en las gasolineras de las autopistas saben que la gente viene cargada de ‘cosas’ que han comprado ‘allí abajo’. Es una situación incómoda, pues siempre tiene uno que estar pendiente del coche, sin perderlo de vista al ir a los servicios, etc. etc.

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Lo mismo ocurre con las autocaravanas o caravanas. Cuanto más caras y más chulas son mayor es el riesgo al que están expuestas. Por eso me hace gracia –o me pone de mala leche- cuando casi nunca leo nada sobre el tema. Sobre todo cuando opinan los autocaravanistas sobre ‘lo que disfrutan de la libertad, del ocio, de ver lugares diferentes, de la naturaleza’, etc. etc., etc. Todo suena tan bonito. Como un cuento de adas. Todo son ventajas. No se oye ni se lee nada negativo. 

Esto no es del todo cierto, ya que no conozco a nadie que tenga autocaravana que ‘tranquilamente’ la aparque en una ciudad y se vaya de bares o a discotecas o a dar vueltas por ahí, ya que al volver no saben si la autocaravana estará todavía donde- o en el estado en que la aparcaron. Para estar seguros hay que aparcar en un camping!. Cuánto no se habrá escrito ya sobre el tema de Piratas de carretera!. Pero hay autocaravanistas que no les gusta eso de pagar por pernoctar en un camping, cuando ‘en una autocaravana lo tienen todo’.

Las cosas como son, al pan pan y al vivo vino. Para disfrutar de la manera que dicen la mayoría de los autocaravanistas hay que viajar -más o menos- con un vigilante a sueldo, que vigile la autocaravana (lo mismo se aplica a caravana o coche cargado de vuelta de vacaciones), mientras se va de ‘sightseeing’ o de bares o de shopping por ahí. O de lo contrario, hay que estar -más o menos- ´pegado’ a la autocaravana las 24 horas del día.

Todo esto me recuerda también -ahora que estoy metido en el meollo de ‘la cara oculta del autocaravanismo’- lo que se vio en un programa de televisión en Suecia en el que se veía cómo ahora hay gente que se dedica a alquilar las autocaravanas más caras del mercado el mes de vacaciones ‘para impresionar’ cuando van a campings, como si fuesen autocaravanas en propiedad (!). ‘No todo lo que brilla es oro’…

Y para acabar, también oí de una pareja que se fue a dormir a la caravana en una gasolinera de autopista y cuando despertaron había desaparecido el coche… 

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