Turistas se apiñan en la hacienda del rey de la droga

Desde aquí controlaba uno de los criminales más temidos de la historia el comercio mundial de la cocaína. Desde aquí dio órdenes sobre cómo cientos de personas morirían. Hoy se apiñan los turistas en la enorme hacienda del rey de la droga Pablo Escobar.

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Puerto Triunfo. El sol del atardecer fríe. El asfalto en la pista privada de despegue y aterrizaje de Pablo Escobar está tan caliente que los pies se ponen calientes a través de la suelas de los zapatos.

Desde este tramo de carretera de 1,3 km de largo despegaba la cocaína que hizo del mítico jefe de la mafia uno de los hombres más ricos del mundo. El primer avión que aterrizó en EE.UU., completamente cargado con drogas, permitió levantarlo como trofeo a la entrada de su enorme hacienda.

– Aquí en la Hacienda Nápoles fue Escobar cuando más feliz. Esta era su joya de la corona. Aquí podía mostrar al mundo que él era uno de los más poderosos. Él tenía la pista de aterrizaje más larga del país y el zoológico más exótico de América del Sur, dice Óscar Jairo Orozco, que ha transformado la decadente hacienda en popular destino turístico.

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Un poco por encima de la pista está ubicada la casa de Pablo Escobar. Con un poco de fantasís se puede uno imaginar cómo la alta sociedad se reunía aquí. Se dice que las mujeres se bañaban en champán, la comida era deliciosa y el servicio perfecto. Escobar comenzó su carrera criminal como un simple ladrón de poca monta, pero con el tiempo consiguió hacer contactos con la flor y nata de la élite de la sociedad colombiana.

– Aquí venían poderosos políticos, reinas de belleza, representantes de la iglesia. Era un paraíso ser huésped aquí, dice Óscar Jairo Orozco.

Pero también podía ser aterrador. Pablo Escobar se dice que tiró a uno de sus camareros a la piscina, después de que se rumoreó que trató de robar algunos cubiertos.

“No me gustan los ladrones”, gritó Escobar y dejó que el camarero, que había sido atado, se ahogara delante de los comensales.

Escobar amaba los deportes de agua y hay unos 20 lagos artificiales, varias casas lujosas y grandes piscinas.

Cuando Pablo Escobar fue asesinado por un comando militar especial en su ciudad natal de Medellín en 1993 se dejó la Hacienda Nápoles al abandono. Su casa es hoy ruinas.

– Ven acá, dice Oscar Jairo Orozco, y sube por lo que queda de la escalera.

Aquí, en el segundo piso, con vistas a la pista y las enormes propiedades, acostumbraba Pablo Escobar estar sentado y trabajaba.

– Aquí planeó varios atentados, dice Oscar Jairo Orozco.

En la parte trasera hay un árbol de caucho de gran tamaño.

– Allí se sentaba a menudo y cavilaba. Preferiblemente con un cigarrillo de marihuana en la boca.

Una veintena de turistas, la mayoría en pantalones cortos y camiseta, andan a vueltas en la vieja casa. En las paredes cuelgan fotos de gente que fue asesinada y mutilada en atentados de bomba de  Escobar y retratos del narcotraficantes asesinados.

– Aquí no se viene a hacer honor a Pablo Escobar. Aquí se viene para hacer honor a sus víctimas. Pablo Escobar cometió crímenes terribles. Queremos mostrar que no es rentable. Pablo Escobar es un perdedor.

No hay ninguna duda de cuál es el mensaje: que el estado ha triunfado. Se promociona por bien emplazados altavoces y en carteles de gran tamaño.

Para enfatizar aún más que el crimen no se presta, el estado ha inaugurado recientemente una prisión de alta seguridad en los terrenos que antes pertenecían al criminal más exitoso del mundo.

– Hay un simbolismo importante en ello, dice Oscar Jairo Orozco.

Pero aunque el reinado de terror de Escobar ya ha pasado es la victoria del estado sobre la delincuencia lejana. El año pasado se informó de más de 15 000 asesinatos y el país sigue siendo todavía el mayor productor mundial de cocaína.

La Hacienda Napoles era ya durante el tiempo de Pablo Escobar conocida por su parque zoológico. El público era bienvenido y la entrada gratuita. El rey de la cocaína trajo de contrabando elefantes, leones, jirafas y cuatro hipopótamos. La mayoría de los animales murieron o fueron atendidos cuando él fue matado.

Pero los hipopótamos se quedaron y se multiplicaron. Hoy son 35, y los únicos que viven libres fuera de África.

Hace unos años estalló una protesta pública cuando un hipopótamo macho que dejó la finca fue considerado peligroso y fue matado. Dos hembras viven aún a unos 50 kilómetros de la Hacienda Nápoles. Los demás se encuentran en el parque, pero no están cercados.

– El problema es que se sienten tan bien. Se multiplican rápidamente, dice Oscar Jairo Orozco.

Hace un mes comenzaron a esterilizar a los hipopótamos.

– Es difícil y costoso, pero esperamos esterilizarlos a todos, dice.

Pablo Escobar estaba loco por el poder. Se las arregló para convertirse en político y fue elegido al parlamento. Él ayudó a los pobres, fue llamado Robin Hood y se hizo popular. Aquí en la Hacienda Nápoles sentó también las bases para un ejército propio. Él consiguió ayuda para desarrollar sus métodos terroristas de expertos militares israelíes, entre ellos el famoso Yair Klein, cuyo viejo, hoy roñoso Toyota se encuentra estacionado en un pequeño lago idílico, donde los patos tranquilamente deambulan alrededor.

Hacienda Nápoles es una parte de la historia de Colombia. Y parte de su presente. Los niños juegan a gusto entre los dinosaurios gigantes de hormigón que Escobar hizo construir para su hijo. En el mismo lugar, las autoridades han encontrado cadáveres de víctimas de paramilitares.

En la cárcel de alta seguridad se encuentran 1.000 prisioneros y a corta distancia se cultiva cacao, chile y maracuyá por ex paramilitares que han dejado sus armas. Desde la pista de aterrizaje de Pablo Escobar despegan ahora aeronaves militares que participan en la llamada guerra contra las drogas y el terrorismo.

Pablo Escobar probablemente se sorprendería si viera su joya de la corona en la actualidad. [svd.se]

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