¿A quién pertenece Machu Picchu?

Dos familias inmersas en una rocambolesca disputa judicial

Julio Carlos Zavaleta Zavaletafamilia abrill

Hace ya cien años que el explorador estadounidense Hiram Bingham catapultó a la fama la ciudadela inca de Machu Picchu, pero a esta maravilla del mundo todavía le queda una cuestión pendiente por resolver: determinar su dueño.

MACHU PICCHU 1-4

Dos familias de la sureña ciudad del Cuzco, región en la que se ubica el santuario inca, están inmersas desde hace varios años en una rocambolesca disputa judicial contra el Estado peruano para dirimir la situación legal del santuario y del terreno sobre el que se asienta. Los clanes de los Zavaleta y Abrill dicen poseer unos documentos que los acreditan como los propietarios legítimos de Machu Picchu y que contradicen la postura del Estado peruano, quien se atribuye la titularidad del complejo amparándose en la ley vigente.

En sendas entrevistas con Efe, Roxana Abrill y Jose Zavaleta contaron que nada les hacía presagiar a sus ancestros, un político de la época y un importante agricultor cuzqueño, que un acuerdo privado derivaría en un “gran problema legal” casi interminable y con “poca” o “nula” voluntad política para resolverse. Fue en 1944 cuando sus ascendientes se repartieron el complejo arqueológico, pese a existir una ley que hacía propietario al Estado peruano de los restos arqueológicos. En manos de uno quedaron las ruinas, y en manos del otro, el terreno.

La transferencia logró, sorprendentemente, el beneplácito de un notario y el documento oficial es ahora la mejor baza de defensa de las familias y el mayor quebradero de cabeza del Estado peruano. La inconcreción sobre la titularidad del terreno y de las ruinas lleva décadas perjudicando a las familias, y, por ejemplo, los Zavaleta, agricultores a pequeña escala, tienen prohibido hacer circular maquinaria agrícola por el terreno por tratarse de área natural protegida. “Somos propietarios sin parecerlo”, lamenta Jose, portavoz de sus siete hermanos herederos, algunos ya fallecidos. […] [elmundo.es]

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