Si no nos atrevemos, debemos cambiar de trabajo

 La crisis del rey se ha cocido al motor más interior de la caza de los medios y de todos los escándalos : la mentira.

¿Miente el rey? ¿O bien son las fotos falsas?

Si la respuesta es afirmativa a la primera pregunta, Suecia se encontrará en una crisis constitucional.

Si la respuesta es afirmativa a la segunda pregunta saldrá la monarquía reforzada de una revisión.

Que las fotos existen no tenemos por qué dudar. Dos reporteros de Aftonbladet y unos pocos más en TV4 y Expressen han visto fotos que son muy incriminatorias para el jefe del Estado y su papel como símbolo de Suecia.

Pero ya que nadie ha tenido acceso a ellas, no hemos podido examinar la autenticidad de las fotos. Teniendo en cuenta la historia de Mille Markovic hay todas las razones para permanecer escépticos sobre él como persona y fuente.

Pero las fotos existen. Y el círculo íntimo de los amigos del rey no actúa directamente con calma exaltada ante el hecho. Aftonbladet pudo ya en diciembre del año pasado revelar que Anders Lettström se había metido en una negociación sin cabeza directamente con los gangsters con la intención de comprar las fotos.

La secretaria general del Colegio de Abogados Anne Ramberg, buena amiga de tanto Anders Lettström como de la pareja real, se dedicó ayer a críticas en los medios. Fue en esencia, que es de mal gusto, escandaloso y repugnante dar a gángsteres espacio en los medios de comunicación.

Es esencialmente una observación correcta. Y en mi opinión una crítica irrelevante. Las fotos existen. La autenticidad de ellas y las circunstancias que las rodean deben ser examinadas.

El periodismo de investigación puede muy bien tener que pasar a través de cosas poco apetitosas, escándalos y parecer repugnante. Tal es el papel de la libertad de prensa en una democracia y debería también ser en una monarquía moderna.

Si tenemos éxito nos convertiremos en héroes por la valentía de descubrir la verdad del estiércol. Si fracasamos se nos acusará de ser esparcidores de estiércol. Si no nos atrevemos a cavar, debemos cambiar de trabajo.

Muchos lectores reaccionan fuertemente contra la revisión/investigación sobre el rey. Puedo entenderlo en un nivel emocional. Enojados lectores que gustan de su rey no quieren verlo metido en esta suciedad. Son sentimientos y tales deben ser respetados, pero también ser conscientes de que pueden cegar.

Nos da esta investigación una cuerda floja difícil por la que caminar. Si nosotros en los medios de comunicación podemos manejarlo o no debería ser debatido. Eso acontece ahora y es bueno. También la labor periodística se ve reforzada por la crítica y el escrutinio. [aftonbladet.se]

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