Jeringuillas sucias con política sucia

La guerra de los Moderados contra los drogadictos – no contra la droga

reinfeldtEl verano de 2006 éxperimentó Estocolmo una epidemia de VIH. En poco tiempo fueron afectadas 70 personas por el VIH. Investigadores rastrearon el brote a un grupo de usuarios de drogas inyectables que compartían jeringas y por eso rápidamente esparcieron la infección tan pronto como alguien recibía la jeringuilla. Si los drogadictos no hubiesen necesitado comprar jeringuillas en el mercado negro nunca quizás habría sucedido.

Estas tragedias han hecho que autoridades sanitarias internacionales y suecas, incluyendo Salud y Bienestar Social y el Instituto de protección de infecciones, recomendaran el sistema de programas de intercambio de jeringuillas, para proporcionar a los drogadictos contacto con los servicios sanitarios y la reducción de la propagación de la infección. En Malmö/Lund hay un proyecto así desde hace 25 años, que ha frenado nuevas infecciones del VIH entre los involucrados. Esta semana la ciudad de Estocolmo determinó seguir el ejemplo.

Por fin.

Ha habido durante mucho tiempo una amplia mayoría en el municipio y el condado de Estocolmo, pero los Moderados han puesto la zancadilla a ello durante igual de tiempo. Primero argumentaban en contra, y cuando perdieron el debate establecieron investigaciones y cuando las investigaciones fueron positivas, enviaban las propuestas a reafirmación. Todo para retrasar el momento en que los drogadictos puediesen obtener jeringuillas limpias algunos meses más.

Representantes Moderados se centran en los estudios que han cuestionado  (qué se gana con) el intercambio de jeringuillas y alegan que un programa enviaría la señal de que la drogadicción está bien. Hay montones de estudios que muestran grandes efectos, y un par que no lo ven así. ¿Por qué sólo estos últimos los que se toman en serio por los Moderados? Es como cuando las empresas tabacaleras sacaron a relucir los pocos estudios que no encontraban relación entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón – tan poco científico que hay que cuestionar los motivos.

Se trata de política simbólica. Los Moderados quieren refrescar su imagen como los enemigos n º 1 de las drogas. Pero su guerra no está dirigida contra las drogas, sino contra los drogadictos. Los Moderados no creen tampoco que irán a oír a vecinos y colegas decir: “Ahora parece que se pueden obtener jeringas limpias, piensa si uno empezaría a inyectarse heroína?”. Sólo han privado a los más vulnerables la oportunidad de la atención sanitaria y limitación de daños, para ganar algunos puntos políticos baratos. Es igual de sucio que las jeringas que circulan entre los drogadictos de la ciudad. [metro.se]

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