Vaaaa pelota; deporte de reyes y curas

La pelota de mano ni es tan vasca ni es plebeya. Era el deporte de los reyes y tuvo tantos fanáticos que tuvieron que prohibirla los días laborales. Rendile tributo cuando pases por Dieciocho y Tacuarembó o andes a las vueltas por el barrio La Figurita.

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Esta es la investigación que nos hizo Alberto Moroy, antes que el marketing del tenis y tantos otros deportes gringos nos maten definitivamente y a raquetazos, otra de nuestras tradiciones. Pero primero hay que aclarar que refiere a la pelota de mano, no a la paleta y otros adminículos golpeadores. La historia de Moroy se detiene en 1900, ya habrá tiempo para más. Y eso es lo que explica que Moroy no les haya dado pelota a Bernal e Iroldi o a Domingo Bordaberry, abuelo del actual Pedro, gran jugador entre otros muchos y buenos.

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En este articulo intentaremos aportar un poco de luz sobre la historia del  juego de pelota de mano, el que muchos jugábamos contra una pared o frontón, con una pelota de tenis. Luego pasearemos por Francia, Inglaterra, España y aterrizaremos en el Rio de la Plata, para luego detenernos en Uruguay, hasta una fecha cercana al año 1900, donde otras modalidades de este juego, fueron ganado terreno, hasta que el tradicional deporte quedó restringido a lugares muy especiales.

Los vascos no fueron los inventores; los griegos (El Phaeninde) y los romanos  lo jugaban desde tiempos remotos, tambien  los aztecas con pelota de caucho. Los primeros usaban pelotas de diversos tamaños y colores. Una pelota pequeña y dura, rellena de pelos que se utilizaba para el juego a bolea; otra un poco más gruesa, que se llamaba “pagnica”, que era de cuero y con plumas en su interior. Luego estaba “el follas”, un grueso balón inflado de aire o de plumas, que se usaba para juegos más lentos y sosegados. Se tiraban unos a otros o uno sólo al aire para luego recogerlo. Había otra modalidad por la cual el jugador tiraba la pelota contra un muro y la devolvía por medio de un golpe con la mano, el que más veces lo lograra sin que se le cayera ganaba. […] [viajes.elpais.com.uy/?p=3746#more-3746]

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