Si no dedica tiempo a su pareja, otro acabará disfrutándola

otroghNada desgasta más una relación bajo las sábanas, al punto de quitarle toda la sal al aquello, que el poco interés por parecerle atractivo a la pareja. Si a esto se le suma esa falta de tiempo que convierte la cama en una pista de polvos contrarreloj, la posibilidad de encontrar más atractiva una partida de ajedrez por televisión que una encamada, está a la vuelta de la esquina.

Sostener el gusto del otro, incrementar la coquetería y jugársela por conservar el deseo mutuo son ingredientes para mantener activa la parte inferior del cuerpo.

Eso de creer que se tiene seguro al otro y que siempre será un semental, porque dice que la ama con locura y que no puede vivir sin usted, es puro cuento. En esto hay que ser claros: un buen polvo es un vicio que crece con el consumo, que cada vez pide más y exige cosas nuevas.

Hay que trabajar

Lograr que el deseo siga vivo es un arte que pocos aplican. Una muestra es el desgano creciente de muchas parejas que conciben la cama doble como un mueble que ahorra espacio y permite compartir ronquidos, sueños y babas en la almohada. En ese escenario el sexo aparece alguna madrugada, sólo porque una mano encontró el bulto del otro, y no porque las ganas lo invitaran, como tiene que ser. A eso, señores y señoras, hay que dedicarle tiempo, creatividad y esfuerzo.

Da risa ver a muchas parejas haciendo todo tipo de maromas para acumular dinero y deudas con la disculpa de que están creciendo. Son las mismas que no se pierden ni el bautizo de una mascota y regalan su tiempo libre a clubes de observadores de estrellas. Lo triste es que esa poca dedicación mutua acaba convirtiéndolos en auténticos desconocidos en la cama.

No puede ser de otro modo, si no tienen tiempo ni de verse a los ojos. En un mundo tan pragmático hasta coquetearle al otro está pasado de moda, y la pareja siempre está al final del listado de prioridades. 

Y eso, se los digo, es un bombazo al periné. Pero sólo cuando la erosión ha avanzado a un punto de no retorno, uno de los dos se acuerda de reclamar o de preguntar qué pasa. A esas alturas las ganas que el otro está sintiendo son por un tercero. […] [Por Esther Balac/eltiempo.com/vida-de-hoy/salud/sexo-con-esther_8244880-4]

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