La Pedriza

La Pedriza es una zona de gran interés geológico, paisajístico y deportivo situada en la vertiente sur de la Sierra de Guadarrama a la que se accede desde Manzanares el Real, un municipio ubicado en el noroeste de la Comunidad de Madrid (España). Este canchal berroqueño es el mayor conjunto granítico de Europa y en él se agrupan numerosos riscos, paredes rocosas, arroyos y praderas.

Las acciones mecánicas que se han ejercido sobre estas rocas durante millones de años han conformado formas muy curiosas y atractivas, sobre todo para los escaladores, ya que cuentan con cerca de mil vías de escalada y de todas las dificultades. El senderismo es otro deporte muy practicado en La Pedriza. Prueba de ello es la afluencia masiva de gente que hay durante muchos fines de semana.

Las 3.200 hectáreas que ocupa aproximadamente La Pedriza están dentro del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, el espacio protegido más grande de la Comunidad de Madrid. En esta zona abundan los matorrales mediterráneos, como la jara, y otros propios de la alta montaña, como el piorno. La fauna también es rica, especialmente en aves rapaces y reptiles.

El adjetivo “Pedriza” se refiere a una zona pedregosa. Dicha palabra proviene del término “piedra”, el cual deriva de la palabra latina petra. A esta zona se le ha asignado este nombre porque en ella abundan y se concentran las formaciones rocosas llamativas. A La Pedriza se le conoce también como “La Pedriza del Manzanares” debido a que el río Manzanares bordea este lugar. Hasta aproximadamente el siglo XX, esta zona era conocida por los pastores y transeúntes como “Las Pedrizas”. […] [La Pedriza]

El carro del diablo

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No está claro si fue por exceso de trabajo o porque le desbordó aquel encargo, pero el caso es que Juan Guas no podía cumplir con el compromiso de terminar la catedral de Segovia. Tanto se demoraba que le llegaron noticias del disgusto que cogió el mismísimo Carlos V. Agobiado, al arquitecto no se le ocurrió otra cosa que venderle su alma al diablo con tal de cumplir el último plazo.

Satanás no despreció el ofrecimiento y se metió en faena. De manera sobrenatural, no podía ser de otra forma, a partir de aquel momento el templo empezó a crecer a velocidad de vértigo. Y aunque sobrenatural, Lucifer, tuvo que recurrir a las terrenales canteras de Colmenar Viejo, conocidas por la calidad de su piedra.

Carro tras carro, cargados hasta los topes cruzaban la sierra por el puerto del Reventón, el camino entonces más recorrido, para concluir el trato. La catedral tomó forma y sólo quedaba por concluir la segunda torre cuando, sintiéndose a salvo frente al emperador, Guas rompió el compromiso para salvarse también de Belcebú.

Se desconoce porqué el diablo no exigió a aquel hombre el cumplimiento del acuerdo, lo que asegura la leyenda es que agarró un cabreo tan monumental que él también deshizo el trato, convirtiendo en roca el último carro que llevaba el material a Segovia. De esta manera, una de las torres de la catedral segoviana tiene menor altura que la otra. […] [El Carro del Diablo | Metrópoli | elmundo.es]

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