Continente a la venta

La falta de tierra y los altos precios de los alimentos han centrado la atención mundial en África. Los derechos de uso de tierras agrícolas atractivas son compradas por empresas extranjeras a un ritmo cada vez más acelerado. Los expertos advierten que los países africanos se convertirán en perdedores cuando contratos defectuosos conduzcan a que las empresas no puedan ser consideradas responsables de promesas incumplidas.

En Etiopía siembra el multimillonario saudí Mohammad al-Amoudi trigo, hortalizas y flores en tierra que su empresa alquila.

Empresas europeas han conseguido contratos de tierras para sembrar cultivos para biocombustibles entre otros en Tanzania y Mozambique.

Empresas indias siembran de todo, desde arroz a la caña de azúcar entre otros en Kenia y Madagascar.

La crisis alimentaria hace tres años en combinación con precios récord del petróleo hizo que el interés por tierras agrícolas se disparara. Al año siguiente se anunciaron contratos de tierras que implican un total de unos 45 millones de hectáreas, tanta superficie como toda la de Suecia. Alrededor del 70 por ciento están en África, según un reciente informe del Banco Mundial. Hasta ahora, sólo un 20 por ciento han resultado en cultivos reales, pero muchos proyectos están al acecho.

Los críticos hablan de “Land grabbing”, una especie de neocolonialismo en el que los países ricos saquean tierras de un país para asegurar su propio suministro de alimentos.

Gran parte de las tierras son arrendadas por inversores nacionales. Pero a su vez pueden tener un socio extranjero o ser un frente para empresas extranjeras, es difícil de saber, constata el Banco Mundial.

También hay sospechas de que tierras se pueden comprar en pura especulación. Con un fuerte aumento de población en el mundo y una creciente clase media saben los inversores que las tierras de cultivo van a ser moneda fuerte en el futuro.

Rara vez son tierras en sí mismas compradas, sino los derechos para su uso por algún tiempo. Los contratos suelen ser a menudo largos.

– Si se escribe un contrato que vaya a ser válido por 99 años es difícil dar marcha atrás de él en 15 años si se da cuenta de que no era lo mejor para el país, dice Lorenzo Cotula, investigador del Instituto Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo, IIED, que también ha escrito informes sobre el tema.

Hasta el momento, ni el Banco Mundial ni ningún otro ha podido demostrar que los acuerdos benefician a los países africanos. Al mismo tiempo se venden a menudo los derechos a precios de ganga, muy por debajo de su valor de mercado.

– Los gobiernos están más interesados en los puestos de trabajo e inversiones en infraestructura que ellos creen que van a acompañar que en puro dinero. Ellos están tratando de alentar a los inversores mediante regalar la tierra casi de balde. Creo que es una estrategia peligrosa, dice Lorenzo Cotula.

Un patrón que se puede discernir es que países con leyes débiles y autoridades débiles son más populares entre las empresas.

– Hay una necesidad de inversiones en África, pero hay que ver la capacidad del gobierno para garantizar que las empresas realmente estén a la altura de las promesas que han hecho.

En Madagascar quería la surcoreana Daewoo alquilar cerca de la mitad de la tierra cultivable del país. El acuerdo fue negociado en apenas un par de semanas, pero se rompió cuando la gente se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y el presidente fue depuesto.

Un argumento de tanto compradores como vendedores es que la tierra no se utiliza. Pero no siempre es cierto, dice Lorenzo Cotula.

– El hecho de que la tierra no se utilice como tierra de cultivo no significa que no se utiliza. Pueden ser tierras de pastos y de caza.

Él piensa que se debería hacer una pausa y dar un paso atrás.

– Las inversiones no son un fin en sí mismo sino un medio para lograr el desarrollo. Esto sucede muy rápidamente. Hay que pensar en lo que quiere, dice. [Kontinent till salu – DN.se]

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