La carretera solo llevaba a la muerte

  • Un senegalés pereció ahogado al caer con su coche a un embalse.
  • Siguió una ruta obsoleta que acababa de golpe en el pantano.
  • Solo existe un cartel prohibiendo el paso junto a la orilla.
  • No había ninguna barrera

Estaban perdidos en medio de la noche. El senegalés Mohamadou Dassi Gueye, de 35 años, conducía su Peugeot 306, acompañado de su compatriota David Diatta. Habían estado vendiendo bolsos y cinturones en un mercadillo de Cabeza del Buey (Badajoz) e iban camino de Almadén (Ciudad Real), ayudados por su navegador GPS. Circulaban por la carretera autonómica EX-323. Al llegar a Capilla, Mohamadou se desorientó en un cruce de caminos y decidió girar a la izquierda. Al no estar convencido de que esa fuera la ruta correcta, optó por dar la vuelta. Se paró y en ese momento el GPS le marcó de nuevo la carretera EX-323 (de Peñalsordo a Chillón). Aceleró. Unos cientos de metros después, una flecha verde le indicaba en el navegador que iba en mala dirección y otra de color blanco le aconsejaba un giro de 180 grados. Pero en plena noche, él quizá no vio las señales que aparecían en la pequeña pantalla. A la vez, un gran cartel plantado junto al arcén indicaba prohibido el paso. Intentó frenar, pero era demasiado tarde: ahí acababa la carretera… y su coche cayó a las aguas del pantano de La Serena. Mohamadou se ahogó; su amigo David logró salvarse a nado. Habían circulado por un ramal de una carretera que solo conducía a la muerte.

 

La noche del pasado día 2, los 200 vecinos de Capilla, un pueblo que es apenas un puñado de casas sobre un peñasco, celebraban las fiestas de la Virgen del Rosario. David divisó las luces y echó a correr hacia allí. Magullado y dolorido, casi sin aliento, caminó 1.500 metros hasta alcanzar las primeras casas. Los jóvenes José Luis Salgado y su amigo David Muñoz apuraban las últimas copas a la puerta de un bar. “El africano, con las ropas empapadas, nos explicó que él y un amigo se habían caído al pantano y que él había conseguido salir a tierra, pero que su amigo se había ahogado”, recuerda Salgado horas después, en el mismo lugar donde se produjo el funesto accidente.

Salgado, Muñoz y otros cinco amigos se olvidaron de las fiestas, cogieron sus vehículos y fueron hasta la orilla del pantano. Alumbraron al agua con los faros. “Se veía parte del techo y la parte trasera del coche, pero el resto estaba hundido. No había ni rastro del desaparecido. No había nada que hacer”, recalca Salgado. Nada, excepto llamar a la Guardia Civil y a la Cruz Roja.

David Diatta, vendedor de cinturones, ha declarado que él y su compañero circulaban guiados por el navegador, cuando se sintieron perdidos al llegar a la altura de Capilla. Dieron hasta “tres vueltas” en un cruce de carreteras y, de repente, el aparato volvió a señalarles la ruta. Era una ruta mortal, pero ellos no lo sabían. Cuando lo vieron, era demasiado tarde: al escuchar un tremendo ¡choof!, su coche se hundió en el pantano. Desesperados, con el corazón desbocado, casi atenazados por el pánico, David y Mohamadou consiguieron liberarse de los cinturones de seguridad y abrir las puertas del automóvil, pese a la fuerte presión del agua sobre la carrocería.

“¡Ayúdame, David! ¡Ayúdame!”, gritaba Mohamadou agitando sus brazos, mientras luchaba desesperadamente para no irse al fondo, para mantenerse a flote. David intentó agarrarle de una mano, pero no lo logró y decidió ponerse él mismo a salvo. “Mohamadou no sabía nadar”, explicaba compungido su primo Bassirou Seck a las puertas del tanatorio de Trujillo (Cáceres), donde esperaba el embalsamamiento del cadáver. […] [JESÚS DUVA /La carretera solo llevaba a la muerte · ELPAIS.com]

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