Perla catalana atrae a senderistas

El magnífico puente romano de piedra del siglo XI es el punto de enfoque obvio en Camprodon, población central en “Vall de Camprodon” con un sistema de senderos de casi 1.000 kilómetros de largo. Montones de rutas de senderismo y una cocina que no tiene rival en España. La pequeña ciudad de Camprodon en los Pirineos ofrece ejercicio y comida de un alto nivel, ideal para un fin de semana.

Nos ‘caemos de cabeza’ (nos rendimos ante) por Camprodon. Ya después de la primera comida y una vuelta por la hermosa ciudad decidimos prolongar la visita con un par de días. Aquí hay mucho que hacer. Camprodon es una población urbana en el valle del mismo nombre. Desde la pequeña ciudad que data del Imperio Romano salen rutas de senderismo a todas partes. Los que tienen coche y pueden variar el punto de partida tienen que hacer todo un verano.

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A lo lejos vemos picos nevados, pero Camprodon está rodeado por colinas verdes y hermosas granjas de piedra. El paisaje recuerda al de Suecia. Visitamos la oficina de turismo y recibimos un montón de mapas sobre los destinos apropiados. Los mapas tienen descripciones muy detalladas, pero pronto descubrimos que a veces la realidad es diferente.

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Ya el primer día nos equivocamos. El plan es ir a dar una vuelta de diez kilómetros de largo alrededor de una montaña, pero de cualquier forma que lo hacemos vamos a parar a senderos que conducen a la cima. Todos los excursionistas con que nos encontramos tienen el mismo problema. Nos damos por vencidos y subimos a la cima. Vale la pena, comemos bocadillos con vistas panorámicas. Al día siguiente caminamos a lo largo del río Ter a las vecinas aldeas de Llanars y La Roca. El ‘clímax’ dramático del viaje se produce cuando volvemos a ir mal de nuevo y de repente nos encontramos en el mismo pasto que un toro grande y enojado. Él nos persigue a través de un riachuelo antes de que podamos subirnos por encima de una cerca.

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En el valle de Camprodon hay un montón de pueblos pintorescos que se remontan a la época romana. Tenemos tiempo para visitar un puñado de ellos. Caminamos por caminos pavimentados con piedras y puentes que han existido desde hace casi mil años. De los pueblos es Beget el más encantador. Camprodon es de fácil acceso en tren y autobús desde Barcelona y Girona. La frontera francesa está a sólo unas decenas de kilómetros. Sospechamos que el nivel culinario en Camprodon es influenciado por la cercanía a su vecino del norte.

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En los restaurantes hay una abundante oferta de foie gras y patés. Producción local de embutidos es el orgullo de la ciudad. Rápidamente anotamos los buenos restaurantes y comemos bien, por la mañana, al mediodía y por la noche. En Camprodon recibimos recordatorios constantes de la fuerza nacionalista catalana. La mayoría de los restaurantes sólo tienen menús en catalán y el que habla de la zona como parte de España se vuelve rápidamente impopular.

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CINCO CONSEJOS PARA UN FIN DE SEMANA EN EL VALLE DE CAMPRODON
Sant Antoni
Ascender a la montaña de Sant Antoni es el comienzo natural de una estancia en Camprodon. La montaña es el vecino más cercano a la ciudad, el camino a la cumbre comienza justo en la parada de autobús. El camino es empinado, pero fácil de seguir. La vista desde la cima es excepcional. Para los perezosos, hay una carretera para coches en la parte trasera de la montaña que sube casi hasta arriba.
Can Xicoy
A pesar de que el restaurante Can Xicoy está situado en una calle trasera y sólo se abre para el almuerzo, mucha gente lo encuentra. La comida es rústica y sabrosa. La dueña es muy cuidadosa con sus clientes y explica que todas las materias primas provienen de productores locales. El precio del almuerzo de tres platos cuesta poco menos de cien coronas y entonces va incluído vino. Los sábados la gente hace cola para comer el menú festivo de 17 euros.
Pont Nou
El Puente Nuevo, Pont Nou en catalán, ha conseguido ‘recibir muchos años en la nuca’. El magnífico puente romano de piedra del siglo XI es el punto central obvio de Camprodon. Festivales se llevan a cabo con el puente como telón de fondo, la víspera de Año Nuevo y San Juan se celebran allí. A lo largo del río Ter se encuentra el más antiguo de los asentamientos de Camprodon.

Beget
El tiempo ha estado detenido en el pequeño pueblo a unos veinte kilómetros al este de Camprodon. La iglesia del siglo XI está clasificada como monumento nacional. Todo el pueblo está formado por viejas casas de piedra, la mayoría con
begonias rojas en cajas en las ventanas y bien cuidados y chulos jardincitos. Varios buenos restaurantes. Hay un sendero desde Camprodon. Decidimos ir en coche.
Cal Xec
Cerca de Pont Nou, el puente nuevo, están ubicadas las tiendas de ‘delicatessen’ lado a lado. Can Xel es la más grande y mejor surtida. Del techo cuelgan embutidos y jamones, en mesas y bancos hay latas de paté. También hay queso y galletas y pasteles famosos de Camprodon. Los precios son sorprendentemente bajos.
[
Katalansk pärla lockar vandrare – DN.se]

Eso de que ‘El paisaje recuerda al de Suecia’, me parece que no encaja muy bien…

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[…] Camprodon y en general la Vall de Camprodon destacan por sus embutidos de cerdo, como el bull (un tipo de butifarra), la llonganissa (longaniza), el jamón o el fuet entre otros productos. Otro producto que se está popularizando en la zona es el queso de oveja y cabra que se producen en antiguas ganaderías de la Vall de Camprodon. Y por último destacar la fábrica de galletas Birba de Camprodon. [3viajesaldia.com/camprodon-y-su-puente-sobre-el-rio-ter/]

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